Mundo

Estándar

25º aniversario de los JJOO

BCN’92, embrión de la modernidad y el turismo

El 25 de julio de 1992 los ojos del mundo estaban puestos en Barcelona. La Ciudad Condal era la anfitriona de los XXV Juegos Olímpicos de Verano y durante 15 días ofreció los “mejores juegos de la historia” hasta el momento. Casi 10.000 atletas compitieron en 31 deportes y 286 especialidades. La cita no sólo fue un éxito a nivel deportivo sino que supuso la proyección internacional de Barcelona como ciudad moderna, abierta, cosmopolita y solidaria. Veinticinco años después, la ciudad conmemora aquella efeméride y reflexiona sobre el legado olímpico.

Numerosas imágenes han quedado en el imaginario colectivo de aquellos que vivieron los Juegos Olímpicos y la preparación previa. Desde la proclamación de Barcelona como sede olímpica por parte del entonces presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch, con la famosa frase “a la ville de … Barcelone” hasta que Antonio Rebollo encendió el pebetero con arco y flecha. Entre estos dos momentos, Barcelona vivió una transformación urbanística sin precedentes acompañada de un entusiasmo ciudadano fervoroso. En los Juegos Olímpicos participaron 35.000 voluntarios y en los Paralímpicos, que se celebraron en septiembre de 1992 y donde compitieron 3.020 atletas, 15.000 voluntarios. Hay que añadir el Hola de la ceremonia de apertura, la Fura dels Baus, Montserrat Caballé y Freddy Mercury cantando Barcelona, ​​Los Manolos y su versión rumbera de Amigos para siempre, Cobi y Petra, el príncipe como abanderado de la delegación española … Todo esto quedó para el recuerdo, pero ¿que supusieron los Juegos para el futuro de Barcelona?

Una ciudad abierta al mar

El legado más evidente de los Juegos Olímpicos fue la profunda transformación urbanística de la ciudad. La Barcelona que hoy conocemos, referente turístico, comercial, de ocio y cultura, probablemente no hubiera sido posible sin las mejoras previas a la cita olímpica.

El punto de inflexión más importante fue la apertura de Barcelona al mar. Hasta entonces, la Ciudad Condal y el Mediterráneo se daban la espalda. La capital catalana era una ciudad industrial donde junto al mar tenía preferencia el tráfico de mercancías. A partir de entonces, las playas quedaron integradas en la ciudad y los propios barceloneses podían disfrutarlas con garantía de calidad. La Vila Olímpica se situó en la fachada marítima y el antiguo barrio industrial del Poblenou se transformó en una zona moderna y atractiva.

También se revitalizó la montaña de Montjuïc, donde se remodelaron las instalaciones deportivas existentes como el estadio olímpico o las Piscinas Picornell y se construyeron nuevas como el Palau Sant Jordi o el Instituto Nacional de Educación Física de Catalunya (INEFC).

Los sistemas de comunicaciones dieron un vuelco. De la época olímpica datan la Ronda Litoral y la de Dalt, el nudo de la Trinidad y el del Llobregat. Esto en cuanto al tráfico rodado, que mejoró notablemente el centro de Barcelona. En cuanto a las comunicaciones móviles, Norman Foster diseñó la Torre de Collserola y Santiago Calatrava la de Montjuïc.

Además, entre los años 1986 y 1992 se puso en marcha la campaña ‘Barcelona, ​​ponte guapa’ para favorecer la remodelación de las fachadas.

Valores olímpicos

Durante los años previos a los JJOO y en el transcurso de la celebración, la ciudadanía se sintió partícipe del proyecto olímpico, y se enarbolaron los valores del esfuerzo, la solidaridad y la cohesión para construir entre todos un acontecimiento único. La mejora de pabellones y estadios no sólo llevó asociado el aumento de la práctica deportiva sino que también dejó en la ciudad unas instalaciones que en el futuro fueron sedes de conciertos, otros eventos deportivos o ferias.

Además, la nueva Barcelona dio un impulso al turismo que desde entonces se multiplicó. Ejemplos como éste ponen de relieve la necesidad de combinar los grandes acontecimientos, y las transformaciones que suponen, con la convivencia y la sostenibilidad.

El 1992 no sólo fue el año de presentación de Barcelona al mundo. Ésta fue la embajadora de una España democrática, moderna, dinámica y avanzada que rompía viejos estereotipos. Durante ese año también se conmemoraron los 500 años del descubrimiento de América, Madrid ostentó la capitalidad cultural europea y Sevilla albergó la Exposición Universal. Todos estos hechos dieron a España una gran resonancia internacional y a partir de entonces el turismo hizo crecer los ingresos del país.

 

Etiquetas