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Cambio climático y abandono forestal, cóctel explosivo

¿Por qué cada vez los incendios son más devastadores?

Los expertos evidencian cada vez más el aumento de las temperaturas derivadas del cambio climático. Por este motivo, las lluvias son más escasas y determinadas zonas del planeta se desertifican. En verano, cuando las temperaturas son más elevadas, nuestros bosques sufren una sequía que los hace muy vulnerables a las llamas. De hecho, la ONU advierte que los incendios forestales cada vez serán más grandes y más devastadores como consecuencia del cambio climático. La Península Ibérica se sitúa como una zona de alto riesgo.

Los efectos meteorológicos del cambio climático se convierten en una amenaza para el propio Medio Ambiente. Fruto de las sequías prolongadas y las altas temperaturas tienen lugar las llamadas tormentas secas. Estas se producen cuando hay tan poca humedad en niveles bajos que la lluvia se evapora antes de llegar al suelo. En cambio, se producen muchos rayos y su efecto no queda aliviado por la lluvia. El impacto del rayo en el suelo puede ser la chispa que inicie un incendio forestal. Esta fue la causa del último fuego en Portugal que, unido a una sequía severa y un fuerte viento, ha convertido fuego en ingobernable. En estos casos, las llamas avanzan muy rápidamente y sin control.

Falta de mantenimiento

A los cambios meteorológicos hay que sumar diferentes factores derivados de la intervención del hombre en la naturaleza que lejos de actuar como medidas de prevención de incendios ponen en riesgo la integridad de los bosques. En primer lugar, una deficiente gestión de los bosques por parte de las autoridades provoca la acumulación de basura en los márgenes o de malas hierbas que multiplican el material inflamable en caso de incendio.

El poco rendimiento económico de la madera y la escasa utilización de la biomasa estarían entre las causas del escaso mantenimiento de los bosques. La biomasa es toda la materia viva presente en el ecosistema, en este caso en los bosques, que puede ser aprovechada como combustible. Por este motivo, la biomasa es altamente inflamable y sólo unos rayos de sol intensos serían suficiente para que se incendiara.

La responsabilidad privada también es clave en la prevención. La dejadez de campos de cultivo por parte de sus propietarios ha provocado que el fuego no tenga obstáculos. Tradicionalmente, los agricultores tenían cuidado de sus tierras y de esta manera las defendían del fuego.

Por otra parte, se han construido urbanizaciones en medio de los bosques que, en muchos casos debido a la crisis económica, se han abandonado progresivamente con el peligro que conlleva en caso de incendio. Igualmente, de ser residencias habitadas hay que tener en cuenta las dificultades de acceso y, por lo tanto de evacuación, ante un fuego forestal.

Modificación del ecosistema

El ecosistema es el conjunto de organismos vivos y el medio en que se relacionan. Debido a la necesidad de convivencia mutua, existe un equilibrio natural dentro de cada ecosistema. Así pues, las variedades de árboles o animales presentes en unas zonas del planeta u otras atenderán a factores como el clima, por ejemplo. Por este motivo, cuando se altera el equilibrio propio de los ecosistemas se rompe también la propia convivencia. Es lo que sucede con la introducción de variedades de árbol ajenas al ecosistema. En Portugal, por ejemplo, se introdujeron eucaliptos que, aparte de no pertenecer al ecosistema, poseen un aceite altamente inflamable.

Muchos de nuestros bosques han sido repoblados con eucaliptos o pinos, que también queman con mucha facilidad. En cambio, las encinas son más resistentes a las llamas.

Advertencia de la ONU

La ONU así como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático pronostican un cambio de modelo de los incendios forestales. Se esperan fuegos con más superficie afectada, más incendios y de mayor intensidad. Así las temporadas de incendios serán más graves y con más dificultad de control. Este es un fenómeno extremo fruto del cambio climático que ha sido advertido por la ONU. La Organización de Naciones Unidas apunta al sur de Europa, y en especial en la Península Ibérica, como las zonas más vulnerables.

La Agencia Estatal de Meteorología ha calificado el pasado otoño como muy cálido, con un 8% menos de precipitaciones. El invierno ha sido el cuarto más cálido del siglo XXI y durante el mes de mayo se han registrado un 13% menos de lluvias. La temperatura registrada se sitúa 2,4 grados por encima de la media. A todo ello, hay que sumar la ola de calor que ha comenzado en junio con temperaturas propias de Agosto.

Desde Greenpeace, sin embargo, recuerdan que el clima y la meteorología están relacionados con la virulencia del incendio, la velocidad de propagación, la dificultad de extinción y el riesgo para las vidas humanas.

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