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¿Por qué se puede trabajar y ser pobre?

 

El año pasado, en Cataluña, una de cada siete personas que trabajaba no ganaba suficiente dinero como para salir de la pobreza. Se considera que una persona o una familia son pobres si ingresan menos del 60% de la media de los ingresos del conjunto de ciudadanos y familias. Así, se considera que un adulto era pobre en el año 2016 si ingresó menos de 10.054,4 euros. Una pareja se consideraba pobre si entre los dos ingresaban menos de 15.081,6 euros y si en el hogar también vivía un niño, esta cantidad era de 18.097,9 euros.

Muchas personas que tienen un puesto de trabajo no llegan a cobrar estas cantidades. Cuando los trabajadores se quejan a los empresarios que con el sueldo que les pagan no tienen suficiente para vivir con dignidad, se encuentran con la respuesta de que si se los suben a la empresa perdería dinero y tendría que cerrar. Es decir, se sitúa a los trabajadores en un callejón sin salida: O trabajas y aceptas un sueldo bajo o te quedas sin trabajo. ¡Tú mismo!

Esto se llama trabajo precario.

Se ha dicho y escrito mucho sobre la precariedad laboral pero pasan los años y en vez de corregirse esta situación, tiende a agravarse.

¿Por qué hemos llegado a esta situación? La globalización de la economía tiene buena parte de culpa. Los dirigentes y los accionistas de las empresas quieren hacer cuanto más negocio, mejor. Si el sueldo de un trabajador que hace calzado deportivo en un país del este asiático es diez veces inferior al que cobraría un empleado de una empresa en Cataluña, casi seguro que la producción se irá hacia allí. Poco a poco, los sueldos de los trabajadores de aquellos países lejanos van recortando la distancia que tenían con los nuestros pero el desequilibrio aún es enorme.

Pero hay sectores en los que también hay precariedad y este argumento no es válido. El de los periodistas, por ejemplo. Magda Cebrián creó un portal de facebook donde se cuelgan ofertas laborales. Hay cerca de 8.400 personas que son miembros. A menudo aparecen opiniones de usuarios que se quejan de los salarios bajos que les proponen cuando se presentan a una cita laboral. Se abusa sobre todo de los estudiantes de Periodismo y Ciencias de la Comunicación, a los que, con la excusa de que así mejorarán su currículum, se les plantea ofertas inadmisibles. No es extraño encontrarse con chicos que cobran 200 euros al mes por trabajar cinco tardes a la semana en un medio digital, un periódico local o una emisora ​​de radio o televisión. Lógicamente, los hombres y mujeres que hacen estos trabajos se cansan y hay que buscarles sustitutos menudo. Desgraciadamente, casi siempre hay quien entra en esta rueda, con lo cual la lucha contra la precariedad se hace más difícil.

Para combatir esta situación, este mes de noviembre se han convocado dos Jornadas de trabajo. El Colegio de Periodistas de Cataluña organiza una, el viernes día 10, como resultado de un acuerdo adoptado por el Sexto Congreso de Periodistas de Cataluña celebrado el año pasado, y al día siguiente, seis entidades celebrarán una Asamblea Abierta de Periodistas, bajo el lema «10 acciones para un periodismo digno». La Confederación de Asociaciones de Vecinos de Cataluña, el Grupo de Periodistas Ramon Barnils, la Asociación de Mujeres Periodistas de Cataluña, Som Atents, Solidaridad y Comunicación-Sicom y el Sindicato de Periodistas de Cataluña son los colectivos que respaldan esta iniciativa.

Los sindicatos han ido perdiendo fuerza a la hora de defender los intereses de los trabajadores. En la globalización de la economía hay que sumar su liberalización; es decir, que se presenta la defensa de los derechos de los trabajadores como un ataque a las libertades de los empresarios de hacer lo que quieran.

La globalización y la liberalización de la economía nos han llevado a esta situación, donde tener trabajo no es garantía de vivir con dignidad. Invertir esta dinámica no pasa por esperar que los dueños y los accionistas de las empresas piensen que sería bueno que ellos ganaran menos dinero a cambio de que todos los trabajadores vivan por encima del umbral de la pobreza. No lo harán. Cada vez vivimos en sociedades más desiguales. Un 1% de la Humanidad tiene tanta riqueza como el 99% restante. Sólo la precariedad de muchos permite la riqueza de unos pocos privilegiados.

¡Y no es justo, claro!