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¿Por qué Jerusalén es el centro del mundo?

A pocos metros de la explanada de las Mezquitas (en la imagen) y el Muro de las Lamentaciones, lugares indispensables para musulmanes y judíos, se sitúa la Iglesia del Santo Sepulcro.

 

Jerusalén es una ciudad encajada entre las montañas de Judea, el mar Mediterráneo y el mar Muerto. La población no llega al millón de habitantes pero los ojos de la humanidad están fijados en ella. Gracias a su existencia milenaria exhibe una personalidad desbordante en tradiciones, culturas y creencias pero también ha sufrido la devastación más feroz fruto de cruzadas, ocupaciones y guerras. La esencia de Jerusalén, cuna de religiones y pueblos, la convierte en un volcán en riesgo de erupción permanente. La estabilidad de la zona y, en consecuencia la paz internacional, dependen de su frágil equilibrio.

El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de declarar Jerusalén capital de Israel, en detrimento de Tel Aviv, ha hecho saltar todas las alarmas. ¿Por qué Jerusalén es tan deseada y tan temida al mismo tiempo? ¿Por qué es la joya más preciada? Ser testigo de los tiempos, la avala como símbolo histórico, religioso y político.

Ciudad Sagrada

Jerusalén es el emblema sagrado de las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, islamismo y cristianismo. La Ciudad Vieja alberga los lugares sagrados y de oración de estas tres religiones, que reúnen 3.000 millones de fieles en todo el mundo.

Los judíos oran ante el Muro de las Lamentaciones realizando repetitivas inclinaciones hacia él. Además, introducen pequeños papeles con oraciones y deseos entre las rendijas que forman las piedras. Anhelan los tiempos en que contaban con un templo propio. Dos de ellos fueron destruidos, el primero en el siglo X a.C y el segundo en el 536 aC De hecho, el llamado Muro de las Lamentaciones es uno de los pocos vestigios que quedan en pie de aquellos antiguos templos judíos que se erigían en la zona. Actualmente, en el lugar donde se situaban se levanta la Cúpula de la Roca. Ésta, junto con la Mezquita de Al Aqsa son el lugar de culto de los musulmanes. Para la religión islámica, Jerusalén es la tercera ciudad sagrada por detrás de La Mecca y Medina y miles de musulmanes llenan la llamada Explanada de las Mezquitas para arrodillarse y rezar mirando a la Meca.

A pocos metros de la explanada de las Mezquitas y el Muro de las Lamentaciones, lugares indispensables para musulmanes y judíos, se sitúa la Iglesia del Santo Sepulcro, un lugar de peregrinación para los cristianos. Según los indicios históricos, es el lugar donde Jesucristo murió y resucitó.

Jerusalén, la eterna capital

No sólo la Ciudad Vieja concentra la tradición religiosa. También es la espectadora muda de la historia. Sus piedras han visto como se la disputaban judíos, cristianos y musulmanes desde tiempos inmemorables. Fruto del paso de las diferentes culturas, la ciudad está dividida en cuatro barrios: el judío, el musulmán, el cristiano y el armenio.

El entramado cultural y religioso de Jerusalén no acaba aquí sino que se debe añadir el simbolismo político. Tanto israelíes como palestinos reclaman Jerusalén como capital de un Estado propio. De ahí que el anuncio de Trump haya puesto en guardia a la comunidad internacional. En los diferentes intentos de encontrar la paz en el conflicto árabe-israelí, la ciudad de Jerusalén siempre ha quedado al margen, conscientes de la dificultad de llegar a una solución aceptada por todas las partes.

De igual manera, la falta de neutralidad de Trump en favor de Israel hace peligrar la validez de los Estados Unidos como intermediario válido en las ya delicadas negociaciones de paz del conflicto.

Conflicto político

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en 1947 un Plan de Partición del territorio que debía culminar con la creación de dos estados, uno israelí y otro palestino. El Estado de Israel se proclamó en 1948 y el árabe no llegó a constituirse. Según este plan, Jerusalén y otras ciudades cercanas como Belén debían gestionarse de manera separada y permanecer bajo control internacional.

Dado el simbolismo religioso de Jerusalén, el Plan de Partición garantizaba la protección, el libre acceso y la libertad de culto tanto de los habitantes de la ciudad como de todos aquellos visitantes, sin menoscabo de su nacionalidad. A pesar de estas consideraciones, el Plan no llegó a aplicarse debido al estallido de la primera guerra árabe-israelí, en 1948. Los países árabes no aceptaron el Plan de Partición y atacaron a Israel el mismo día de la proclamación y nacimiento del nuevo Estado.

Como consecuencia de este primer conflicto, no sólo Israel expandió su territorio sino que Jerusalén quedó dividida en dos. Por un lado, Jerusalén oeste, bajo control israelí y, por otro, Jerusalén este, bajo control árabe. La parte este de la ciudad, donde se encuentra la Ciudad Vieja y los lugares de culto religioso, quedó en manos de Jordania. Esta situación se mantuvo hasta 1967 cuando Israel, durante la llamada Guerra de los Seis Días, se hizo con el control de toda la ciudad.

Entonces Israel llamó a que las embajadas se asentaran en Jerusalén y no en Tel Aviv. Algunos países accedieron pero tras la intervención internacional volvieron a retirarse a Tel Aviv. El Parlamento israelí aprobó la Ley fundamental: Jerusalén, capital de Israel. En esta, se proclamó a Jerusalén como “ciudad eterna y unificada” capital de Israel. La ley, sin embargo, es considerada nula y sin efectos fuera de Israel. La comunidad internacional sólo reconoce la capitalidad de Israel sobre Jerusalén Oeste.

Dos pueblos, un territorio

Con el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí Trump ha hecho tambalear los cimientos de la estabilidad en la zona. La comunidad internacional se ha opuesto a esta medida y teme por la validez de los Estados Unidos a la cabeza de las conversaciones de paz. De momento, Trump se mantiene firme en su decisión, cumpliendo así una promesa electoral. Además, alega que la mudanza de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén llevará al menos cuatro años. Los Estados Unidos se han convertido en el único país en reconocer la capitalidad de Jerusalén desde la creación del Estado de Israel en 1948.

La reacción de la comunidad musulmana tampoco se ha hecho esperar. En los días posteriores a la decisión de Trump se produjeron manifestaciones y protestas que se saldaron con dos palestinos muertos y más de 200 heridos. Israel ya ha desplegado sus tropas ante una amenaza de violencia.

La relación entre árabes e israelíes es una serie de guerras, ataques, muertes, hostilidades, anexiones, conquistas y disputas por un territorio que ambos reclaman como propio. Aunque las conversaciones de paz se han sucedido a lo largo de los años con más o menos intensidad, el conflicto en la zona, que implica a otros países musulmanes y a la comunidad internacional, dura ya 70 años.

La decisión sobre Jerusalén ha sido siempre la piedra en el zapato de los diferentes acuerdos de paz. Se ha dejado intencionadamente al margen en un intento de proteger la volatilidad del castillo de naipes que representa la ciudad sagrada. Unos esfuerzos que pueden verse socavados por Trump, un presidente que ha hecho oídos sordos a las advertencias del resto del mundo.

 

Basílica del Santo Sepulcro o iglesia de la Resurrección, Jerusalén.

 

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS

‘Oh, Jerusalén’. Tanto el libro como la película ‘Oh, Jerusalén’ aportan una de las visiones más neutrales del conflicto que personifica la ciudad. El libro fue escrito en 1971 por Dominique Lapierre junto a Larry Collins y cuenta el nacimiento del Estado de Israel en 1948 y el origen de todo lo que vino después. La película se estrenó en 2008.

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En 1980 el Parlamento israelí aprobó la Ley fundamental: Jerusalén, capital de Israel. La comunidad internacional reconoce la capitalidad de Israel sobre Jerusalén?

¿Bajo el control de qué estado quedó la parte este de la ciudad, donde se encuentra la Ciudad Vieja y los lugares de culto religioso?

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