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¿Por qué las vacunas son un escudo contra los virus?

Con la llegada del invierno, no sólo vuelve el frío sino también los resfriados y la gripe. Cada año, más o menos por las mismas fechas, los responsables de Salud advierten de la conveniencia de vacunarse para no enfermar. La mayoría de la población sigue las recomendaciones de los expertos pero también hay determinados sectores que son reacios a las vacunas. Pero, ¿qué son las vacunas? ¿Cómo actúan y qué efecto tienen en nuestro cuerpo?

Protectoras de la humanidad

Las vacunas, junto con la potabilización del agua, han sido el descubrimiento que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad. Gracias a las vacunas se han erradicado enfermedades infecciosas que afectaban a un porcentaje muy elevado de la sociedad. Eran las temidas epidemias como, por ejemplo, la viruela. Estas epidemias llegaban a ser mortales. Otras enfermedades, como la poliomielitis, casi han desaparecido y la mayoría están muy controladas. Es el caso de la hepatitis B, el tétanos, la difteria, la meningitis meningocócica o la tos ferina.

¿Qué es una vacuna y cómo actúa? Una vacuna es un medicamento biológico. Se trata de un preparado diseñado en un laboratorio que contiene microorganismos que pueden ser bacterias o virus. Estos, sin embargo, han sido tratados previamente. O bien están muertos o están muy debilitados. Estos preparados son los que se inyectan en el cuerpo en el momento de vacunarse. Dado el tratamiento previo de los microorganismos, la persona que recibe la vacuna no se pondrá enferma. Al contrario, su cuerpo reconocerá la existencia de los virus y comenzará a producir defensas para protegerse. Poniendo como ejemplo la gripe, si esta persona vacunada se contagia de gripe, su cuerpo ya tendrá defensas para hacerle frente.

Las vacunas, pues, son un mecanismo que consiste en engañar al propio cuerpo para que genere unas defensas previas al posible contagio de la enfermedad. Concretamente, engañan al sistema inmunológico. El sistema inmunológico es el conjunto de agentes que actúan en nuestro cuerpo para hacer frente a los virus, defenderse de ellos y superar las enfermedades. Cuando una persona es inoculada con una vacuna, es decir, se le introducen los virus en el organismo, el sistema inmunológico los reconoce y produce defensas. Estas defensas son los llamados anticuerpos.

El sistema inmunológico sabrá reaccionar si en algún otro momento la atacan los mismos virus. Es lo que los profesionales de la salud llaman memoria inmunológica.

Efectos secundarios

Gracias al tratamiento previo de los virus en el momento de preparar la vacuna, éstas no suponen ningún peligro para la persona que la recibe. De hecho, las primeras vacunas se administran a bebés de dos meses de vida. Normalmente los efectos secundarios se restringen a un cierto enrojecimiento o inflamación en el lugar del pinchazo, unas décimas de fiebre o molestias musculares.

Para que una vacuna sea efectiva a lo largo del tiempo, normalmente se deben administrar varias dosis espaciadas. Por otro lado, también existen vacunas combinadas que hacen frente a diversas enfermedades importantes a la vez.

Mutación de los virus

¿Por qué cada año recomiendan vacunarse de la gripe? ¿No sirve la misma vacuna? Los virus que provocan las enfermedades son organismos vivos que luchan por sobrevivir. Por este motivo, intentarán superar las defensas que les hacen frente. Para ello muta, es decir, cambiarán su composición para que los anticuerpos que estaban acabando con ellos no sean efectivos. Como si de una batalla se tratara, los virus cambiarán una y otra vez de estrategia para superar al enemigo. Es por ello que la vacuna de la gripe cada año es diferente. De un invierno a otro el virus ha mutado y los anticuerpos que se generaban ya no protegen a la persona.

Para preparar la vacuna y que la sociedad tenga tiempo de vacunarse antes de que llegue el virus, los expertos toman como referencia los virus producidos en el hemisferio contrario. Mientras el hemisferio sur sufre el invierno, el hemisferio norte, aún en verano, toma como referencia el virus presente allí para hacer una vacuna resistente. Del mismo modo, mientras es invierno en el hemisferio norte, el sur preparará sus vacunas en base a los virus del norte.

En los seis meses de diferencia que hay entre el invierno de un hemisferio y del otro, el virus ya ha mutado y, en ocasiones, las vacunas no tienen un porcentaje de protección tan alto como se había previsto.

Responsabilidad individual y colectiva

Los profesionales sanitarios insisten en que la vacunación es un acto de responsabilidad tanto individual como colectiva. En el plano individual, cada uno se protege de los virus que circulan y se defiende ante posibles enfermedades. De no ser así se podrían contraer enfermedades casi desaparecidas con el consecuente peligro de contagio al resto de la sociedad. Es en este punto donde radica la responsabilidad colectiva.

Específicamente, los expertos insisten en la necesidad de vacunación de ciertos colectivos como las personas enfermas, las personas mayores, las mujeres embarazadas y los niños. Estos son los grupos más vulnerables, es decir, que por sus características son más débiles y tienen más posibilidades de contraer enfermedades.

Los grupos vulnerables no suelen tener un sistema inmunológico fuerte y están más expuestos a contraer enfermedades. En el caso de los enfermos crónicos, una gripe puede empeorar su estado general y dificultar su recuperación.

Aparte de estos grupos, las autoridades sanitarias también recomiendan la vacunación a los llamados colectivos de riesgo. Son todas aquellas personas que trabajan o están en contacto con los grupos vulnerables. Entre los colectivos de riesgo se encuentran los profesionales sanitarios, en contacto con enfermos, o de la educación que tratan con niños.

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