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La obsolescencia programada, las averías que nos hacen consumir

Decimos que algo es obsoleto cuando es anticuado. Por lo tanto, la obsolescencia programada consiste en definir, dentro del sistema operativo del aparato, cuándo debe dejar de funcionar correctamente. De este modo, los fabricantes incitan al consumo de sus aparatos. Esta práctica es ilegal y las autoridades competentes están tomando medidas al respecto.

¿Por qué la tecnología no alarga la vida de los productos?

A menudo hemos oído a nuestros padres o abuelos quejarse de que las cosas ya no duran toda la vida. Ni la nevera, ni la lavadora, ni la televisión, ni los aparatos electrónicos en general. ¿Puede ser que la evolución tecnológica resulte en unos productos peores? Esto sería, como mínimo, contradictorio. ¿Cómo se explica, pues, que los productos se estropeen antes? Las razones pueden ser múltiples pero debemos tener en cuenta estas dos palabras: obsolescencia programada.

Decimos que algo es obsoleto cuando es anticuado. Por lo tanto, la obsolescencia programada consiste en definir, dentro del sistema operativo del aparato, cuándo debe dejar de funcionar correctamente. De este modo, los fabricantes incitan al consumo de sus aparatos. Esta práctica es ilegal y las autoridades competentes están tomando medidas al respecto.

Se ha demostrado que empresas como Apple han aprovechado las actualizaciones de sus teléfonos móviles para provocar que funcionaran más despacio. De esta manera, querían que los consumidores descartaran los teléfonos que tenían en favor de los nuevos modelos de iPhone. Por otra parte, los fabricantes de impresoras Epson también han hecho uso de la obsolescencia programada. En su caso, los cartuchos de tinta resultaban inservibles antes de que se agotaran. Estos son sólo dos ejemplos de una práctica más extensa que no sólo ataca a los consumidores sino también al medio ambiente.

Los consumidores reclaman sus derechos

Si bien se considera que cada país debe velar por el cumplimiento de las leyes europeas de defensa de los consumidores, las asociaciones que los agrupan han hecho oír su voz. Reclaman la defensa de sus derechos y la Comisión europea está buscando fórmulas para protegerlos.

Seguramente habéis advertido que cada producto lleva una etiqueta con letras que van de la A a la G. Esta es la llamada etiqueta de consumo energético que clasifica a los aparatos según su eficiencia, es decir, si necesitan más o menos energía. La clasificación va desde la A +++, el más eficiente, hasta la G, el menos. Los aparatos con A +++ son, por tanto, más respetuosos con el medio ambiente. La Comisión europea está estudiando introducir en esta etiqueta variables para controlar también la durabilidad de los productos.

A raíz de un informe del Parlamento Europeo se propone una prolongación de la garantía internacional que actualmente es de dos años. Con ello se obligaría a los fabricantes a reparar gratuitamente sus productos durante un período más largo de tiempo. Además, se quiere introducir en la etiqueta de consumo energético información sobre la durabilidad del aparato y la posibilidad de reparación.

De este modo, no sólo el consumidor tiene una información veraz sobre el producto que compra sino que también se apuesta por una defensa del medio ambiente. El actual sistema económico, basado en el consumo, provoca una gran cantidad de residuos que son difíciles de eliminar. A menudo los aparatos tecnológicos antiguos acaban en vertederos en países del Tercer Mundo con el consecuente riesgo medioambiental y de salud que conlleva.

Además, se debe tener en cuenta que algunos aparatos, como los móviles o los ordenadores, incorporan coltán. El coltán es un mineral difícil de extraer que está ligado a la explotación laboral o el trabajo infantil de los mineros.

Economía circular

Para minimizar el impacto medioambiental de la economía, el Parlamento Europeo también apuesta por la economía circular. Ésta consiste en reducir lo máximo posible el uso de materiales así como la producción. Igualmente, propone la sustitución progresiva de los combustibles fósiles por la energía renovable.

Los combustibles fósiles, como el carbón o el petróleo, son finitos. A medida que los utilizamos quedan menos existencias. En cambio las energías renovables, como el viento, la fuerza del agua o el sol, no se agotan nunca.

El producto que compramos, pues, es sólo la punta del iceberg de una cadena mucho más extensa que va desde la extracción de los materiales hasta la eliminación del producto una vez nos deshacemos de él. En el ciclo de vida del producto, desde que nace hasta que muere, hay implicaciones tanto sociales como económicas, ecológicas y medioambientales.

¡Comprueba tus conocimientos!

¿Qué es la obsolescencia programada?

¿Quién establece la obsolescencia programada?

¿Qué medidas quiere llevar a cabo la Comisión Europea?

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