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Rap: Una historia de libertad

La condena a prisión de los raperos Valtonyc y Pablo Hasel abre un debate sobre la libertad de expresión en España. Es el último capítulo de un fenómeno social y cultural con mucha historia y que ha entrado en las escuelas.

El rap se ha convertido en la banda sonora de los movimientos activistas en la actualidad, al compás de grupos y artistas imparables. En la letra de sus canciones se hace crítica social y política. Muchos raperos son conocidos por componer unos temas cargados de palabras directas y muy críticas. El caso más conocido es el de Valtonyc que ha sido condenado a tres años y seis meses de prisión por injurias a la Corona y por enaltecimiento de terrorismo. Es decir, por ofender a la familia real y defender el terrorismo. Pero el rap va mucho más allá.

A lo largo de la historia del activismo ha tenido siempre su banda sonora, que ha ido variando para conectar con la gente, sobre todo con los más jóvenes. Representa el punto de encuentro de las apuestas más desgarradoras, irónicas y rompedoras. Desde la música tradicional, hasta el punk, el rock, pasando por la rumba catalana… Todos los géneros han dejado en sus letras himnos generacionales vinculados a movimientos a pie de calle.

Lo que explica la historia del rap es que el lugar, la situación física y temporal es clave para que el talento explote. La cultura Hip-Hop tiene un punto de partida muy concreto, los bajos de 1520 Sedgwick Avenue, en el Bronx de Nueva York, donde Kool Herc celebró su primer fiesta. Como es natural, los factores que deben converger para que una fiesta de barrio evolucione en un fenómeno mundial son múltiples. Sin embargo, la primera lección es ésta: cualquier expresión artística es local y contemporánea antes de ser universal.

El rap nació en los años setenta en la ciudad de Nueva York y ha generado una gran cantidad de grupos en el mundo. Proviene del acrónimo del inglés Rhythm And Poetry (ritmo y poesía) o Rage Against Police (rabia contra la policía), un estilo musical basado en ritmos que se hizo popular sobre todo en los barrios negros en Nueva York. Una de las características más importantes del rap, es que está compuesto por uno o más raperos que van explicando de forma musical, historias semi-autobiográficas, de una manera lírica, mediante el uso de aliteraciones, cambiando los acentos, fusionando unas palabras con otras.

Aunque puede interpretarse a capella, sin música de fondo, el rap va normalmente acompañado por un fondo musical rítmico conocido con la voz inglesa beat. Los intérpretes de rap son los MC (maestro de ceremonias). El rap se desarrolla sobre todo por dos vías: rompe sus lazos con el funk y la música disco de consumo y acentúa su relación con el break dance al tiempo que radicaliza sus signos de identidad de calle mediante formas autónomas y un lenguaje específico y, especialmente, combativo.

Muchos raperos son conocidos por componer unos temas cargados de palabras directas y muy críticas. Su rap no es apto para aquellos que se escandalizan fácilmente. Cargan contra todo lo que es injusto, y lo hacen de una forma atractiva. Suelen atacar allí donde más duele y lo hacen sin miramientos. Las letras del rap tienen fama de duras. ¿Cuál es el límite del arte? ¿Dónde comienza un insulto y dónde termina una provocación? ¿Quién dictamina lo que es una ficción o un peligro público? ¿Denuncia o amenaza? Costaría bastante encontrar una banda de rap sin discurso social o, aún más difícil, que fuera reaccionaria. La gracia del rap es que, aunque de forma popular se lea como un estilo vulgar, es mucho más sofisticado y útil de lo que parece.

 

El sonido de la calle

 

El género que más escuchan las nuevas generaciones en Estados Unidos es el rap y, por extensión, todo tipo de ritmos urbanos: del reggaeton al trap. Hace años que la música de guitarras quedó relegada a los mayores de 30 años. El rap suena en patios de escuela, parques y ordenadores. Es itinerante. También circula con más facilidad entre diferentes estratos sociales y es más permeable a cambios demográficos, como demuestra la naturalidad con que se ha fundido con otros ritmos llegados de Latinoamérica.

En España ha ocupado el espacio que en su día cubrió el rock urbano y la ha suplantado como altavoz de las quejas de las clases desfavorecidas. No hay género que esté exponiendo de forma más rápida y directa lo que pasa a nivel político y social.

 Las cifras de venta de discos no son significativas. No existen superventas del rap. Para calibrar el impacto del hip-hop, lo mejor es recurrir a Youtube. Los madrileños Denom lanzaron tres canciones el año pasado. La más reciente sumó 860.000 visitas en tres meses. Alguna supera los dos millones. Los también madrileños Natos y Waor tienen videoclips con cinco, seis y nueve millones de visitas. Muchos raperos viven de estos clics. Pero el rap y otras músicas urbanas no sólo arrasan en el mundo virtual y al margen de la economía de mercado. Decenas de artistas de ritmos urbanos llenan salas de mil personas sin aparecer en la prensa.

 

El rap como herramienta para despertar la conciencia crítica

 

Tradicionalmente alojado entre la apuesta estética y la comercial, el rap no había aportado nada a los movimientos sociales de nuestro país. Simplemente trataba de ser un reflejo estético de situaciones de marginalidad, rapeando sobre absurdos, consumo de droga y choques violentos en cualquier esquina del barrio. La música que había nacido en la calle, como grito de la calle, se había alejado de la gente hasta llegar a la autoparodia. Sin embargo, en los últimos años, el rap se descubre renovado,  como una fábrica de himnos revolucionarios que pueden despertar la conciencia crítica.

El rap puede ser una herramienta muy útil para tratar temas sociales. Y para despertar motivaciones personales. Así lo ha entendido Pau Llonch, cantante del grupo At Versaris, vinculado a diferentes movimientos populares. Llonch hace unos años que visita institutos, centros cívicos, bibliotecas y otros lugares de encuentro de jóvenes, donde organiza un taller de rap, un lenguaje musical que está entrando con fuerza en las aulas como herramienta para el aprendizaje de lenguas, música y valores.

Llonch ha encontrado en la rima y la producción musical un mecanismo de expresión personal que en determinados alumnos no se obtiene a través de la base académica habitual. Desde hace un año, impulsa talleres que permiten encontrar este camino. Lo que fue un experimento se convirtió en una demanda de los centros escolares de todo el territorio. La filosofía parte de la idea de acompañar a los alumnos a través de la escritura, la poesía y la música, con la introducción de reflexiones críticas en las aulas.

El rap y la innovación en la educación son una pareja de baile casi perfecta. Los alumnos se implican, incluso los que suelen ser menos activos en la clase, porque lo ven como algo cercano, que les permite hablar de los temas que les importan de manera natural. ¿Y qué aprenden? Aquí es algo todavía muy nuevo y el rap se acostumbra a abordar en las clases de Música y puntualmente a las de Lengua. Pero en EEUU se está usando para analizar textos y para introducir contenidos que pueden ir desde la Historia hasta las Matemáticas.

La flexibilidad que tiene en la forma [el ritmo] hace que el contenido [las letras] coja protagonismo. Esta crítica en positivo o esta visión que otorga el rap ha contribuido que de la calle haya entrado también en las aulas.

Actividades

  • Invitar a un rapero para que explique su experiencia con el rap.

    Invitar a un rapero para que explique su experiencia con el rap.
  • Por grupos

    Por grupos
  • Elegir la letra de un rap y analizar el ritmo, la métrica y la rima

    Elegir la letra de un rap y analizar el ritmo, la métrica y la rima
  • Transformar un texto en un rap teniendo en cuenta sus características diferenciales de ritmo y repetición.

    Transformar un texto en un rap teniendo en cuenta sus características diferenciales de ritmo y repetición.

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