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ETA y el terrorismo, una historia que la democracia no debe olvidar

ETA proclamó su disolución el día 4 de mayo de 2018, siete años después de sus últimos crímenes. La banda terrorista deja una historia de casi sesenta años de dolor y muerte. Aquí lo explicamos

ETA nace durante la dictadura franquista pero prolongó su actividad terrorista durante la democracia. Un pasado que no podemos olvidar, especialmente en recuerdo de las más de 800 víctimas que causó la banda. La Fundación Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, que preside el periodista Florencio Domínguez, ha reconstruido esta historia con voluntad didáctica. Aquí la compartimos con vosotros.

 

En Europa, en las décadas de 1960 y 1970 algunas ideologías extremistas volvieron a defender el uso de la violencia en política para alcanzar sus objetivos. Ocurrió así tanto en países democráticos como en otros con dictaduras. Entre los primeros, por ejemplo, en Italia surgieron organizaciones terroristas de ultraizquierda como las Brigadas Rojas y de extrema derecha como Orden Nuevo, que pretendía reinstaurar una dictadura fascista. En el Reino Unido reapareció el IRA, Ejército Republicano irlandés, que en los sesenta inició una campaña terrorista para expulsar a los británicos de Irlanda del Norte. El IRA es la organización terrorista que ha causado más víctimas mortales en Europa: más de 1.700. En su lado opuesto, entre las organizaciones terroristas partidarias de que Irlanda del Norte siguiera perteneciendo al Reino Unido estaba la UVF, Fuerza Voluntaria del Ulster, que mató en torno a 500 personas desde 1966 hasta la década de 1990.

En dictaduras como la franquista también surgieron diferentes organizaciones terroristas. La primera víctima mortal del terrorismo en España fue la niña Begoña Urroz en 1960. Fue alcanzada en una estación de tren de San Sebastián por la explosión de una bomba que había colocado el DRIL, Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación. Además, antes de la muerte de Franco nacieron los GRAPO, de inspiración ultraizquierdista, y ETA, de ideología nacionalista vasca radical. Tras

romper con el PNV, ETA fue fundada en 1958. Su primera víctima mortal fue el guardia civil de tráfico José Pardines, en 1968. ETA quiso así iniciar una espiral de violencia, consistente en, primero, cometer atentados; segundo, provocar la respuesta agresiva de la dictadura; y tercero, generar una corriente de simpatía hacia su causa entre la población vasca y navarra.

Pocos previeron entonces que el terrorismo continuaría tras la dictadura, con mayor intensidad que durante la misma. Contra lo que a veces se ha sostenido, la aparición del terrorismo no fue una consecuencia inevitable de la existencia de una dictadura en España. Surgió en esas mismas fechas también en países democráticos de nuestro entorno. Además, la gran mayoría de los partidos y sindicatos de la oposición antifranquista no recurrieron al asesinato contra la dictadura, si no a herramientas pacíficas como las huelgas, la propaganda o las manifestaciones. El terrorismo fue el instrumento de una minoría que provocó consecuencias irreversibles. En el caso de ETA, mató a 43 personas entre 1968 y 1975.

Paradójicamente, esa opción por los métodos violentos hizo que los terroristas se parecieran al régimen al que decían enfrentarse. El terrorismo deshumaniza, provoca víctimas, y por eso nunca tiene una justificación moral. Todas las víctimas del terrorismo son inocentes: no merecieron el daño que les causaron.

A partir de 1976 se inició un proceso de desmantelamiento de las instituciones del régimen franquista y de paulatina construcción de las libertades. Gracias a sucesivos indultos y amnistías, a finales de 1977 habían salido de la cárcel todos los presos políticos y también los pertenecientes a organizaciones terroristas como ETA o los GRAPO, incluyendo a los acusados de asesinatos.

Asimismo, los crímenes cometidos en nombre del régimen franquista quedaron amnistiados. Se quería así superar un pasado de violencia en favor de principios muy presentes en ese momento, como la reconciliación y el consenso. Sin embargo, quienes habían apostado por el terrorismo se negaron a dejar de matar.

La Constitución española, base del nuevo sistema de derechos y libertades, Fue aprobada en referéndum por la ciudadanía en diciembre de 1978. En los siguientes años fue desarrollándose el Estado de las autonomías, gracias a la aprobación de los estatutos de autonomía de las diferentes nacionalidades y regiones. La descentralización venía a sustituir a la anterior uniformización política y cultural del franquismo.

Una minoría quiso desestabilizar este proceso de construcción de la democracia para imponer al resto sus ideas mediante la fuerza. Por una parte, nostálgicos del franquismo intentaron volver a la dictadura y atacaron los derechos que se iban conquistando, como la libertad de expresión. Por ejemplo, en 1977 la Triple A envió un paquete bomba a la redacción de la revista satírica El Papus, asesinando al conserje, Joan Peñalver. Por otro lado, los GRAPO, pretendieron hacer su particular revolución mediante las armas y asesinaron a numerosos policías, guardias civiles, empresarios…

Pero la principal amenaza terrorista contra la naciente democracia fue ETA, la organización más mortífera y la que contó con un mayor respaldo, centrado alrededor de la coalición electoral HB, Herri Batasuna, el entorno que justificaba y protegía a ETA fue clave para su pervivencia.

Así, ETA y otras organizaciones afines mataron a 11 personas en 1977, 66 en 1978, 80 en 1979 y 96 en 1980, el año con más asesinatos terroristas en España durante la transición. Al mismo tiempo que iban lográndose los principales hitos de la democratización (la amnistía, la Constitución, los estatutos de autonomía) los terroristas redoblaban sus esfuerzos para desestabilizar el proceso.

En esos años (1975-1982) había determinadas minorías extremistas que no veían a sus rivales políticos como personas con derechos, sino como enemigos que había que eliminar para alcanzar sus objetivos particulares. El 23 de febrero de 1981 sectores reaccionarios del Ejército dieron un golpe de Estado. Uno de sus principales pretextos fue los continuos atentados de ETA contra militares y policías. Finalmente la democracia se impuso, pero la Transición no fue una etapa pacífica, si no que estuvo sacudida por fuertes violencias.

A principios de la década de 1980,  la democracia estaba consolidada en España. El golpe de Estado de febrero de 1981 había fracasado y se iniciaba un camino de integración europea y de modernización económica, social y cultural. Ahora bien, la democracia tuvo que seguir enfrentándose a diferentes amenazas terroristas.

 

LA DEMOCRACIA

La democracia facilita fórmulas para la resolución pacífica y dialogada de los conflictos. En este sentido, el terrorismo era visto cada vez más claramente como una opción marginal, propia de sectores extremistas. Los terroristas, no obstante, aún tenían capacidad para provocar dolor y para amenazar las libertades de todos.

A lo largo de la década de 1980 ETA provocó numerosas víctimas. Por ejemplo, fue responsable de los atentados contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, con un balance de 11 asesinados (entre ellos cinco niños) y contra el supermercado Hipercor de Barcelona, que se saldó con 21 víctimas mortales (de las que cuatro eran niños). Esta última fue la mayor masacre terrorista habida en España hasta el 11-M.

En esos años ochenta también hizo su aparición un tipo de terrorismo parapolicial, encuadrado bajo las siglas GAL, Grupos Antiterroristas de Liberación. Algunos cargos públicos, policías y guardias civiles estuvieron implicados en esta trama ilegal. Su propósito era combatir a ETA usando sus mismos métodos. Entre 1983 y 1987 los GAL cometieron 27 asesinatos. Su caso nos recuerda que la lucha antiterrorista debe respetar las reglas del Estado de Derecho para evitar igualarse con el terrorismo al que se enfrenta.

La policía detuvo a numerosos miembros de ETA, incluyendo a sus sucesivos dirigentes, de tal manera que la banda quedó muy debilitada ya en los años noventa y, sobre todo, en la primera década del nuevo siglo.

Pero el siglo XXI se estrenó con otra amenaza: el yihadismo. (,,,) con los ataques del 11 de marzo de 2004 en cuatro trenes de Madrid, la mayor masacre terrorista habida en España, llevada a cabo por células terroristas vinculadas a Al Qaeda, como se declara probado en la sentencia de la Audiencia Nacional de 31 de octubre de 2007.  El terrorismo islamista sigue hoy en activo en diferentes países del mundo, recientemente España ha sufrido los atentados de Barcelona y Cambrils, cometidos el 17 de agosto de 2017.

Mientras, ese otro terrorismo que ha marcado la historia de España durante varias décadas, el de ETA, cesó en 2011. La labor de las Fuerzas de Seguridad, a la que se unió la respuesta política, judicial y social, redujo a esa banda a la mínima expresión.

En cuanto a la respuesta social al terrorismo, el movimiento pacifista surgió a mediados de la década de 1980. Entidades como Gesto por la Paz o Denon Artean-Paz y Reconciliación convocaban concentraciones silenciosas cada vez que se producía un nuevo asesinato. Cientos de ciudadanos, entre ellos víctimas del terrorismo, participaban en esos actos públicos. La pionera AVT, Asociación de Víctimas del Terrorismo, había nacido ya en 1981. Luego irían creándose otros colectivos y fundaciones, hasta alcanzar la treintena que existe en la actualidad. Su labor se centra en una serie de demandas: justicia, verdad, dignidad y memoria.

En los años noventa Gesto por la Paz ideó una campaña para exigir la libertad de los secuestrados por organizaciones terroristas. Consistía en colocarse un lazo azul en la ropa. Entre 1996 y 1997 el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara permaneció 532 días en manos de ETA, encerrado en un zulo minúsculo y húmedo. Este fue el secuestro más largo que ha habido en España, pero a lo largo de su historia ETA ha secuestrado a más de 80 personas.

Las principales manifestaciones contra el terrorismo en España se produjeron en torno al secuestro y asesinato en 1997 del joven concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco, a manos de ETA, y tras los atentados del 11-M. En esas ocasiones millones de personas salieron a la calle en ciudades y pueblos de toda España. Una manera como los ciudadanos expresaron su rechazo a la violencia terrorista fue levantando sus manos teñidas de blanco. Los manifestantes querían expresar así que, a diferencia de los terroristas, ellos no tenían las manos manchadas de sangre. Tras los atentados del terrorismo yihadista del 11 de marzo de 2004, el lazo negro fue la expresión del rechazo a tales atentados y de solidaridad con las víctimas.

El terrorismo, además de las víctimas directas -muertos y heridos- y de los daños materiales, provoca la existencia de otro tipo de víctimas, los amenazados. ETA es el grupo que ha causado mayor número de amenazados. Se trata de personas que vivieron con la angustia de sufrir un atentado, que en ocasiones tuvieron que abandonar su casa y su tierra para ponerse a salvo en otra parte de España. Algunos amenazados lo eran por el hecho de pertenecer a determinados colectivos que estaban en el punto de mira de ETA (miembros de las FSE, cargos públicos de partidos constitucionalistas, intelectuales críticos con el terrorismo, etc.). Otros formaban parte del grupo de amenazados por diversos motivos particulares, como haberse negado a pagar la extorsión a ETA o ser acusado por los terroristas de cualquier cosa que les hacía merecedores de un ataque. La amenaza terrorista obligó a miles de personas a vivir con protección policial durante años y a otros les forzó a abandonar su casa y su trabajo para buscar seguridad en otra parte.

 

 

ilustraciones: Pol Rius

 

 

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La banda terrorista ETA fue fundada en 1958 durante la dictadura franquista.

En la década de 1980, cuando la democracia ya estaba consolidada en España.

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