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¿Quiénes son y qué quieren Las Kellys?

El colectivo de trabajadoras de hostelería lucha contra la explotación y el deterioro de la salud que les ha traído la reforma laboral

Dos miembros de la asociación «Las Kellys», junto con Joana Amat, la presidenta de FIDEM. Jornada de economía feminista organizada por el ayuntamiento de Barcelona, en el MACBA, jueves 6 de abril de 2017. Foto: Juanramirezet

 

El nombre de ‘Las Kellys’ es el resultado de adaptar la frase hecha: las que limpian. Son mujeres que se dedican a limpiar y ordenar las habitaciones de hoteles. Pero es también uno de los colectivos laboralmente más reivindicativos. Su actividad y las protestas para llamar la atención sobre su explotación han hecho que incluso el expresidente español, Mariano Rajoy, las recibio en audiencia, sin resultados concretos respecto a sus exigencias.

Las Kellys son conocidas por la situación de alta explotación con la que tienen que convivir. Para hacernos una idea, estas trabajadoras reciben por cada habitación que limpian entre 2,5 y 3 euros. El ritmo de trabajo que les imponen hace que para poder vivir tengan que hacer unas 30 habitaciones diarias.

No siempre ha sido así. Hasta las reformas laborales aprobadas, la primera por el PSOE y la segunda por PP y CiU, la tarea de limpiar cuartos estaba integrada en la plantilla ordinaria de los hoteles. Las trabajadoras eran una categoría más del convenio de hostelería. Esto hacía que, en la demarcación de Barcelona, ​​por ejemplo, el salario de una camarera de piso se acercara, el año 2012 a 1.200 euros. Ahora apenas superan el salario mínimo.

Las reformas laborales han hecho posible que una empresa subcontrate con otra compañía parte de las tareas de su proceso productivo. En el caso de los hoteles, algunas grandes cadenas han decidido deshacerse de la parte de la plantilla que tenía cuidado de las habitaciones y contratar sociedades que llevan el nombre de empresas multiservicio. Son estas sociedades las que ahora emplean a las camareras, pero, por mucho menos de lo que éstas cobraban hace cinco años.

Una ley no escrita dice que cuando se produce una situación que lesiona gravemente los derechos de las personas aparece la contestación. Esto son las Kellys. Grupos de limpiadoras de hoteles que, sintiéndose poco representadas por los sindicatos mayoritarios, decidieron organizarse por su cuenta.

Primero denunciaron su situación y utilizaron con gran destreza las redes sociales. Se dedicaron a explicar cuál es su trabajo y cuáles las condiciones de trabajo. Los ritmos infernales de su trabajo. Las enfermedades que debido a la penalidad de sus tareas les afectan: el síndrome del túnel carpiano, pero también las lumbalgias o incluso las hernias discales.

El hecho es que la inseguridad laboral en las empresas para las que teóricamente trabajan, las denominadas multiservicio, hace que no puedan coger la baja cuando tienen problemas de salud: «no nos podemos poner enfermas, si lo hacemos nos despiden. Pero tampoco lo pueden hacer nuestros familiares, porque no nos dan permiso para cuidarlos y si faltamos al trabajo nos echan» afirma una activista.

Para mantener el ritmo de trabajo muchas trabajadoras se han hecho adictas a los calmantes, especialmente al ibuprofeno.

El segundo paso en la lucha de las Kellys ha sido hacerse presentes en acciones directas y pacíficas en algunos hoteles, que consideran que se distinguen en la política de precarización. Nombres como el Hilton Diagonal de Barcelona, ​​propiedad de una de las cadenas multinacionales más importantes y que puede llegar a cobrar hasta 300 euros por dormir una noche en una de las habitaciones que las limpiadoras ordenan por 2,5 euros, han visto a sus puertas protestas ruidosas de las camareras y los grupos solidarios que apoyan.

¿Qué piden las Kellys? Pues básicamente volver a la situación anterior a la reforma laboral. Sería un mecanismo similar al que han conseguido ya en Las Palmas, en Canarias, donde se aplica el convenio provincial a todas las personas que trabajan en establecimientos hoteleros.

Reclaman también otros asuntos, como la posibilidad de que dichas trabajadoras puedan jubilarse a los 55 años, algo análogo a lo que ocurre con los mineros o con los marineros. La razón se justifica por la penalidad de su trabajo. También querrían que se vinculara la clasificación cualitativa de los hoteles con las condiciones de trabajo de sus empleados y empleadas. Pero, básicamente lo que reivindican con más fuerza es que el Congreso apruebe una ley, que el colectivo de Barcelona ha bautizado como ley Kelly. Esta norma prohibiría la subcontratación de trabajos estructurales en segundas empresas. Esta práctica la consideran, ellas y sus asesores, como cesión ilegal de trabajadores, una actividad penada por las leyes laborales españolas. Rajoy no se definió respecto a la reivindicación que le hicieron las representantes de las camareras.

Las Kellys, como es normal, se han organizado en las principales zonas turísticas de España. En el primer encuentro que hicieron, había representantes de Canarias, Galicia, Valencia, Madrid y Barcelona.

A pesar de tener una organización propia, cada núcleo actúa por su cuenta. En Barcelona las Kellys han centrado en intentar que el convenio de hostelería incluyera la prohibición de la subcontratación. Esto ha hecho que se enfrentaran con los sindicatos mayoritarios que negocian, en función de su representatividad, el acuerdo. Como finalmente no ha sido aceptada su posición llegaron a intentar ocupar la sede de la patronal justo el día que debía firmarse el convenio.

La actividad reivindicativa del grupo de trabajadoras ha supuesto acciones como concentraciones repetidas a las puertas de hoteles a los que señalan como incumplidores de la ley, pasando por irrumpir en celebraciones navideñas de altos directivos hoteleros, hasta entrevistarse y hacer públicas las opiniones de una directiva de hotel partidaria de tener plantillas integradas. Y también una incansable actividad de contactos con grupos políticos y sociales para hacer públicas sus posiciones.

En el caso de Barcelona, ​​Las Kellys han intentado crear un frente con otros sindicatos, CNT Barcelona; la Coordinadora Obrera Sindical, (COS); la Intersindical Alternativa de Cataluña, (AIC) y Somos Sindicalistas, para oponerse al convenio de hostelería firmado en solitario por UGT con la patronal.

Y en el día a día, las trabajadoras de hotel denuncian las situaciones irregulares. Un ejemplo, la responsable de la zona de Benidorm, en Valencia, explicaba en el encuentro hecho en Barcelona hace un año que en seis meses la actividad de las Kellys había hecho aumentar un 30% las denuncias a inspección de trabajo en ese territorio turístico.

La relación de las Kellys con los sindicatos mayoritarios es ambivalente. Por un lado son muy celosas de su independencia y críticas con algunas prácticas de las cúpulas, a las que acusan de blandas. Pero, al mismo tiempo reconocen que en casos concretos reciben el apoyo de los sindicalistas cuando se producen, por ejemplo, despidos o sanciones en hoteles concretos.

 

La relación tiene que ver con la visión que cada protagonista tiene de la actividad sindical. Así, en Barcelona, ​​el sector tiene más de 200.000 personas trabajando, para las que se negocia el convenio. El acuerdo, afirman en UGT, tiene puntos positivos para algunos grupos y para otras mejoras que ni sean pequeñas no se pueden menospreciar porque no se haya encontrado la solución deseada por un grupo concreto.

Sea como sea, Las Kellys han quedado en el imaginario popular. Esto ha hecho que la marca esté en disputa. En alguna rueda de prensa han aparecido camareras de hotel que afirman ser las verdaderas Kellys, lo que hace que sean descalificadas por las portavoces habituales. De hecho, según sus propias estimaciones bajo la denominación Kelly había hace un año unas 2.000 personas organizadas, de un colectivo que consideran que puede sumar en España unas 200.000 personas, aunque no todas tienen las condiciones deplorables que denuncian.

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