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Trabajar a las órdenes de una App puede ser una forma moderna de explotación

La economía de plataforma oculta detrás el retorno a relaciones laborales similares a las de la primera revolución industrial

La primera revolución industrial incorporó las máquinas al trabajo. En ese momento muchos pensaron que se había abierto un tiempo liberador: ya no habría que hacer grandes esfuerzos físicos para procurarse la supervivencia. Pero, cuando los trabajadores se incorporaron a las fábricas de vapor vieron que muchos perdían el trabajo y los que continuaban debían sufrir condiciones penosas.

Cada avance tecnológico ha supuesto, pues, para los trabajadores, una cara y una cruz. Ahora, la época de los teléfonos inteligentes abre nuevos interrogantes.

Porque estos aparatos se han convertido en una herramienta clave para las nuevas relaciones laborales.

No hace mucho se acuñaba el término ‘economía digital’. Quería decir un tipo de trabajo que tiene como elemento esencial el uso de la red informática. Hay muchos otros nombres para designar estos trabajos. Uno de ellos es ‘economía de plataforma’. También se habla de ‘economía colaborativa’. Esta diversidad hace que mucha gente no tenga claro el significado de cada una de ellas.

Economía colaborativa sería aquella en la que se reutiliza un esfuerzo que se haría igualmente. Un ejemplo en este sentido sería el funcionamiento de la empresa BlaBlaCar. En la práctica, se aprovecha que un usuario hace un viaje para compartir costos con otro viajero que quiere ir al mismo lugar. La plataforma que los pone en contacto se lleva un pequeño margen de la operación.

Por el contrario, la economía de plataforma, por ejemplo lo que hace Uber, ofrece un servicio a un usuario que de otro modo no se haría. Y en la operación, quien gana más es la empresa que comercializa este servicio. El concepto, en este caso sería: «no estoy compartiendo un trayecto, estoy haciendo un servicio». Quizá por ello, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sentenciado que Uber es una empresa de transporte y como tal debe ser considerada en todos los aspectos.

Los usuarios no suelen ser conscientes de que cuando piden una pizza a través de una App desde un teléfono móvil, la persona que la lleva a casa, vestida con ropa con el logotipo de una multinacional, que va en bicicleta o en moto decorada también con publicidad de una marca conocida, no tiene con la ley en la mano ninguna vinculación con dicha compañía. El consumidor, sin embargo, está convencido de que la multinacional que se anuncia por televisión le ha proporcionado no sólo la comida sino también el transporte hasta su casa. Pero realmente esto no es así. La comida procede de un establecimiento independiente. El transportista es autónomo y a veces el porcentaje mayor de lo que el cliente paga va a las manos de quienes han creado y promocionado la herramienta informática y la marca que une a unos y otros con la sutil tela de araña de la publicidad masiva.

Programas que dirigen a miles de trabajadores

¿Qué tienen en común empresas con nombres como Deliveroo, Glover y Uber? Pues que son sociedades de servicios que tienen como elemento clave el uso de aplicaciones informáticas, (App), plataformas telemáticas que sirven para coordinar y dirigir trabajadores que realizan trabajos de servicios variados.

Los algoritmos informáticos dirigen el trabajo de miles de personas. Organizan los turnos, controlan los tiempos en que se hacen los encargos y en función de las respuestas de los usuarios otorgan más o menos trabajo a aquellos que se dedican.

Otro elemento común en estas nuevas dedicaciones es que inicialmente los trabajos los hacen jóvenes. Algunos comparten el trabajo con los estudios y otros lo hacen a jornada completa. Una segunda característica es un cierto aire de informalidad en la realización de los trabajos: muchas veces los empleados pueden elegir horarios e incluso pueden no ir a trabajar si así les parece bien. Pero esta pretendida libertad es engañosa porque si un pretendido colaborador no se ajusta a los parámetros establecidos, puede recibir menos pedidos y el trabajo entonces no le es rentable. Y cuando se da una protesta laboral, simplemente se desconecta el trabajador rebelde del aplicativo y la relación queda totalmente interrumpida.

Además de economía de plataforma, este tipo de trabajos tienen otro nombre: es la gig economy, es decir, la economía de los pequeños encargos. Curiosamente, este sector emergente está demostrando tener un fuerte crecimiento y ser un sólido negocio.

Facturación de 4.000 millones en Europa

El año 2015 la gig economy ganó unos 4.000 millones de euros en la Unión Europea, según un estudio encargado por el Parlamento Europeo.

Las Apps que sustentan este sector emergente se han multiplicado. De hecho, actúan de intermediarias entre los trabajadores y los clientes que solicitan los servicios. Los consumidores llaman, por ejemplo, a Deliveroo para pedir comida de un restaurante. Pero también pueden llamar a Uber para que envíen un coche para trasladar a las personas de un lugar a otro. O usar la empresa Stuart para enviar o recibir paquetes.

Las calles de las grandes ciudades se han llenado de personas que circulan en bicicleta con porta paquetes con logos de marcas detrás. Todos y cada uno de los trabajadores que dan servicio a las marcas mencionadas están coordinados por la App a la que están conectados, que es la misma que los usuarios han usado para pedir el serveicio.

Pese a que cada aplicación es diferente, muchas repiten el mismo esquema laboral: los trabajadores no están en plantilla de la plataforma, sino que deben darse de alta como autónomos, asumir ellos el pago de impuestos y la mayoría de los costos vinculados con su actividad. Además, en sus publicaciones en Internet hay un gran interés en evitar que haya ninguna sombra de relación laboral. Por lo tanto, ni una hoja de salario ni una retención, ni nada que pueda justificar la dependencia de asalariado.

El conflicto vivido entre los taxistas y las multinacionales Uber y Cabify muestra otro aspecto remarcable de dicha nueva economía, que muchas veces es sólo una máscara de la más vieja relación económica. Los taxistas trabajan en un marco muy regulado. Las licencias que les permiten operar están limitadas y controladas. Los taxistas tienen que pasar unas pruebas antes de poder trabajar. Además, si llegan quejas a la autoridad pública del transporte, pueden ser sancionados, incluso perdiendo la licencia. A cambio tienen la seguridad de un mercado cautivo. Hay más: los taxistas deben estar dados de alta en la Seguridad Social, bien en la rama de autónomos o si son asalariados, al régimen general.

Otro elemento distintivo es que mientras las multinacionales tienen su sede social en paraísos fiscales, el taxi tributa en el país y los taxistas consumen también al país.

Uso alternativo de la App: Mensakas

Existe una experiencia para transformar una empresa de plataforma capitalista en una cooperativa: es el caso de la sociedad Mensakas. Tiene en el aplicativo informático la clave de su éxito. Varían, sin embargo, los objetivos e incluso las alianzas que los antiguos mensajeros y repartidores de comida a domicilio se han fijado. En este sentido, las otras cooperativas y entidades sin ánimo de lucro serán los primeros clientes de su servicio de reparto de comida y otros productos hasta los domicilios particulares.

Más desprotección, menos salario

Una característica común del trabajo en plataforma es la desprotección social de sus trabajadores, o colaboradores como les gusta llamarlos a las empresas. Según el Parlamento Europeo, el 70% de los trabajadores de plataformas no tiene protección social. Dicho de otro modo, no cotizan para alcanzar la jubilación y tampoco tienen prestaciones por maternidad o paternidad, entre otros derechos Sociales. ¿A cuánta gente afecta dicha desprotección? Según el estudio del Parlamento Europeo, hecho por la Universidad de Leeds, entre un 1% y un 5% de las personas en edad de trabajar han participado en algún tipo de trabajo pagado por dichas plataformas. En Catalunya hay una primera aproximación sobre el alcance de la economía de plataforma. Según una encuesta que hizo el sindicato Comisiones Obreras, durante los primeros meses de 2018. La primera conclusión de la consulta es que un 4,64% de los trabajadores (equivalentes a 282.553 personas), afirman que han trabajado mediante plataformas vinculadas a Internet. Se trata de un colectivo muy masculinizado. La mayor parte tiene entre 30 y 44 años. Por situación laboral, los autónomos son los que tienen más presencia.

¿Cuánto ganan los trabajadores de dichas plataformas? El informe del Parlamento Europeo afirma que sus ingresos están entre un 62% y un 43% por debajo de lo que cobran el resto de trabajadores. Además, el informe europeo da otra cifra importante: el 70% de los trabajadores de la economía de plataforma no tiene ninguna protección social. La imagen de modernidad que las multinacionales han creado en torno a sus actividades choca con los análisis que hacen sus trabajadores y también con la visión que tienen la Inspección de Trabajo y los tribunales de varios países, entre otros, España.

La autoridad laboral española ya ha resuelto expedientes que consideran que empresas como Deliveroo o Joyners, esta última dedicada a proporcionar personal para atender a personas dependientes, cometen fraude en la relación laboral. Según estas resoluciones, la plataforma es la herramienta que genera el negocio, organiza y manda los trabajadores y por lo tanto estos trabajadores deberían tener condiciones laborales regulares como asalariados a cargo de las empresas a las que están vinculadas.

Resoluciones contradictorias

Pero, las resoluciones judiciales van apareciendo con cuentagotas y en algunos casos son contradictorias. A una denuncia de Comisiones Obreras de Alicante, la respuesta de la autoridad laboral ha sido afirmar que los trabajadores de Deliveroo no son autónomos y deben ser integrados en las plantillas. Decisiones similares de Inspección de Trabajo han afectado a denuncias de Valencia y Barcelona, ​​mientras que una juez de Madrid, con argumentos similares consideró que un trabajador de Glover era realmente autònomo.

En sus páginas web, algunas de las empresas, como Deliveroo o Glover promocionan su actividad como complementaria de otras dedicaciones. Es decir, que sus colaboradores pueden compaginar el trabajo con otras tareas, como estudiar. Pero en la práctica, según un repartidor barcelonés de la primera empresa, el hecho de tener que asumir el pago de la Seguridad Social como autónomos, un mínimo de 300 euros mensuales, hace que tengan que trabajar a jornada completa para poder así rentabilizar la inversión.

Hay una segunda motivación y es que la gran competencia, el gran número de personas que querrían trabajar, obliga a repartir el trabajo existente entre más personas y se produzca un fenómeno de auto explotación.

¡Comprueba tus conocimientos!

¿Qué tipo de economía es la de Blabacar, una aplicación que pone en contacto a dos personas que pueden compartir un coche porque el mismo sitio?

¿Qué tienen en común Deliveroo, Glover y Uber?

Según el Parlamento Europeo, una parte de los trabajadores de las plataformas de servicios no tienen contrato ni seguridad social. ¿Qué tanto por ciento es?

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