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El MIR: un examen decide el futuro de los médicos y de la sanidad

Los nuevos médicos, después de seis años de Universidad, se enfrentan a la prueba más importante de su carrera, la que decidirá cuál será su especialidad. Y el número de especialistas también es clave para la calidad del sistema sanitario del país

La carrera de Medicina es la más larga. Porque tiene un curso más que las otras. Y porque después de seis años de estudio, para tener una especialidad, es necesario ser Médico Interno Residente (MIR). Significa estar entre cuatro y cinco años haciendo prácticas en hospitales o centros de asistencia primaria.

Pero no todo el mundo puede acceder. En España, este año se han examinado 15.475 aspirantes para sólo 6.797 plazas. Lo que supone que sólo el 44% de los médicos obtendrán una plaza que debe permitirles completar su formación y entrar en el sistema sanitario público. Por eso es tan importante.

Una vez realizan el examen obttienen un número que será la posición a partir de la cual pueden elegir la especialidad. Así, los nervios se acentúan a medida que se acerca la fecha y más si quieren optar a una especialidad que, históricamente, se termina con los primeros números.

La especialidad que ofrece, de largo, más plazas, es Medicina Familiar y Comunitaria. Sus 1.914 plazas representan casi un tercio de la oferta. Por otra parte, las especialidades con menos oferta son las cirugías: torácica (26 plazas), cardiovascular (24 plazas) y pediátrica (23 plazas). Esta última suele estar entre las especialidades que antes se adjudican, y que por tanto se acaban, más rápido.

La especialidad de dermatología ha sido la antes ha agotado plazas en la asignación de los últimos tres años. En total, se ofrecen 94 plazas de esta especialidad. La siguen en demanda cirugía plástica, que ofrece 40 y cardiología, que tiene bastantes más y llega a las 168 plazas. Medicina familiar es a menudo una de las últimas especialidades en adjudicar todas las plazas, también dado por la cantidad de oferta que tiene.

La falta de plazas para formarse en una especialidad no es sólo un problema para los médicos. Es un problema para el sistema sanitario. Los recortes en la sanidad pública debido a la crisis, la falta de planificación y la precariedad laboral han hecho que falten médicos en diversas especialidades. El Ministerio de Sanidad reconoce el déficit de médicos de familia, pediatras, anestesistas, urólogos y en los campos de la reanimación y radiodiagnóstico.

Es una paradoja porque faltan especialistas, mientras cada año se gradúan 7.000 médicos. Porque hay 42 facultades de medicina en España. La solución es muy difícil a corto y medio plazo para formar un especialista necesita muchos años.

La gran decisión

La decisión es doble. ¿Qué te gusta más, donde crees que puedes encajar mejor y donde podrás aportar más?. La segunda decisión es donde quieres iniciar el desarrollo de tu carrera profesional: si a una gran ciudad o volver donde habías crecido. Un hospital grande, con muchas plazas de residencia y alta tecnología, o en un centro más pequeño, más específico.

Violeta Uriach, residente de medicina de familia y comunitaria en el CAP Roger de Flor

 

Violeta Uriach, vocal del grupo de residentes de la CAMFIC (Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria) cree que si bien el día del examen la gente vive nervios, todavía es peor el día de la elección de plaza en Madrid. “Que no se angustien y que elijan con calma: es necesario que te guste la especialidad, su día a día y el tipo de pacientes que vas a tratar”, aconseja Uriach.

Otro ejemplo de nervios lo encontramos en José Balanyà, residente de urología en la Clínica Puigvert. Balanyà también afirma rotundamente que el peor día no es el del examen, sino el de la elección. Con un muy buen número, el 1.212, se llevó la última plaza de urología en Barcelona. Él, como el resto, visitó varios hospitales “para hablar con médicos y residentes y resolver dudas”.

Josep Balanyà, residente de urología en la Fundación Puigvert, junto a un compañero

 

Balanyà cuenta su experiencia: “ser médico residente es duro en cuanto a ahorario laboral, carga de trabajo, y a veces te llevas a casa preocupaciones y material para estudiar y leer. Es un trabajo muy exigente. Pero también muy bonito y que vale mucho la pena”.

Marcos Pérez es médico de medicina intensiva y tutor de residentes en el Hospital Universitario Vall d’Hebron. Dado que se puede estudiar Medicina en muchas universidades, Pérez describe el sistema MIR como un embudo. “Formamos muchos médicos que, por nuestro sistema actual, si quieren seguir en la sanidad pública, necesitarán una especialidad a la que quizás no pueden optar”, explica. Pérez denuncia que en algunas especialidades forman poca gente porque desde el Ministerio de Sanidad no les asignan más plazas, aunque los hospitales tienen capacidad para más residentes.

Así, realizar el MIR y obtener un número que te permita elegir la especialidad deseada asegura, después de 6 años de carrera y unos meses de estudio muy intenso, trabajo y formación para 4 o 5 años más, depende del especialidad, y un futuro asegurado. Estudiar 12 años de carrera es duro, pero puede ser la mejor decisión de su vida.

Pérez habla de los residentes de hoy como estudiantes con las ideas y los objetivos muy claros: “desde el punto de vista clínico y de investigación saben lo que quieren hacer y lo hacen muy comprometidos con sus principios”.

Historias de angustia y felicidad

Las vivencias de quienes han examinado son bastante similares: aislamiento, nervios y mucho estudio. Judit Riera es residente de tercer año de farmacología clínica en el Hospital Universitario Vall d’Hebron. Remontándose a la época de estudio intenso, la describe como una etapa muy estresante: “cada día iba a la facultad y nos encerrábamos a estudiar con seis o siete compañeros más. Se percibían muchas uñas mordidas, peinados de guerra, coletas muy altas, gente que incluso dormía a la facultad si venía de lejos…”.

Este ambiente también se trasladaba a casa. Judit Riera recuerda que todo el mundo iba más cuidado a la hora de hablarle, que nadie le decía nada negativo y eran más tolerantes si estaba irritable. Nueve meses estudiando entre 8 y 10 horas hicieron que Riera describa hoy el MIR “como un embarazo”.

Judit Riera, residente de farmacología clínica en Vall d’Hebron

 

Salió de la elección de plaza con sentimientos contradictorios: “incertidumbre por cómo será tu vida a partir de ahora, si te gustará lo que has elegido, que te harán hacer en el hospital… y mucha felicidad al mismo tiempo”. Recuerda que “una chica que se encontraba tan sólo tres números antes de mi se llevó una de las dos plazas que había para farmacología clínica en Vall d’Hebron. Fueron los minutos de más sufrimiento concentrado que recuerda por si alguien se llevaba la segunda plaza, la que yo quería”.

Otro ejemplo es el de Arnau Salvany, residente en la especialidad de alergología. Explica que todavía está intentando asimilar su decisión, pero que está muy contento. Con pocos números más allá del 2.500, Salvany fue el primero de Cataluña en elegir la especialidad de alergología, pero saber que sólo había una plaza donde él quería ir lo hacía estar muy nervioso.

Salvany recuerda la época del MIR como una etapa donde parecía que lo estudiaras todo de nuevo, donde cada día acababas con mucho dolor de cabeza. El día del examen salió con la idea de que le había ido mal pero parecía que todo el mundo pensaba lo mismo: “si a todos nos había salido mal, entraríamos los menos malos, pensé”. Tres meses de vacaciones y de ruta por hospitales le llevaron a la especialidad de alergología en la Vall d’Hebron.

Una vez terminan la carrera universitaria, los médicos tienen la oportunidad de hacer una especialidad. Para acceder es necesario hacer el examen MIR para obtener una plaza de trabajo y formación como Médico Interno Residente. La convocatoria de este año se ha celebrado el 2 de febrero.

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