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Notre Dame: fuego en el corazón de París

La catedral de París, Note Dame, se empezó a construir en 1163 y se terminó en 1345. Desde entonces es un símbolo de país, pero también de la historia de Europa. Su incendio provocó un gran impacto emocional. Ahora ya está en marcha su reconstrucción

La catedral gótica más famosa del mundo, y lo que es seguro la más visitada (más de doce millones de personas anuales), ha resistido. Queda en pie su estructura, con la fachada y sus dos imponentes torres al oeste. Pero la torre más alta del medio, con la aguja que llegaba casi a los cien metros, y dos terceras partes del techo medieval de madera ya no están. El día 15 de abril del 2019, un fuego iniciado poco antes de las ocho de la tarde devoraba esta aguja con la escultura del gallo y que contenía reliquias milenarias. Para los parisinos y los franceses en general, el incendio significaba un golpe sentimental tremendo

En París es habitual cruzar la Isla de la Ciudad, como se llama este enclave rodeado por el río Sena que se remonta a la vieja Lutècia galo romana, y ver la catedral emblemática con aquella serenidad que el paso del tiempo parecía hacer indestructible. Por eso, cuando se declaró el incendio a los andamios desde donde se estaba restaurando el tejado, la incredulidad fue manifiesta. Con el añadido de que, en la época actual de la imagen globalizada, todo el mundo lo pudo ver en directo. La caída de la aguja fue el momento culminante, sin saber si se acabaría salvando el resto, en una mezcla de estupor y mala suerte.

Note Dame se empezó a construir en 1163 y se terminó en 1345. Allí se han coronado y casado tanto reyes franceses como ingleses y navarros, consagrado emperadores que se hacían suya la revolución, rehabilitado Juana de Arco. Allí ha sido aclamado el colaboracionista general Pétain y poco después De Gaulle como liberador. Allí se han hecho los funerales del mismo De Gaulle como primer presidente de la V República, así como de su sucesor Pompidou y el socialista Mitterrand. Y allí se ha celebrado la ceremonia de recuerdo por los sangrientos atentados de París en noviembre de 2015.

Y, durante todo este tiempo inmemorial, Notre Dame había continuado intacta, a pesar de todas estas guerras, ocupaciones y revoluciones. Como un símbolo intocable y mayestático. Victor Hugo la había inmortalizado con su novela Nuestra Señora de París (1831), con el jorobado que rondaba por el desván ahora desaparecidas, y que películas y musicales lo habían recién hecho célebre en todo el planeta.

El día del incendio, a medianoche, el presidente de la República Francesa, Emanuel Macron aparecía ante las cámaras y los micros, acompañado del arzobispo de París Miche Aupetit. Habían terminado de visitar conjuntamente con la alcaldesa, Anne Hidalgo, el interior de la catedral y podían constatar que la estructura principal había aguantado. Aunque el agujero en la cúpula era bien visible. «Reconstruiremos Notre Dame porque es lo que los franceses esperan, porque es lo que nuestra historia merece, porque es nuestro destino profundo, proclamó Macron. Y de esta manera, lanzando una colecta nacional e internacional (los Mesén del lujo Bernard Arnault y François Pinault ya protagonizan una carrera millonaria), Macron apelaba a hacer esta reconstrucción «todos juntos». Un lema que el incendio de la catedral hace posible ahora y que era impensable unas horas antes. Los franceses han encontrado una razón, sin enemigos exteriores, para ir juntos. Porque han visto cómo la historia se les venía encima.