Sociedad

Estándar

«Las balas disparadas contra Marielle eran disparadas contra la comunidad negra, las mujeres, la población LGTBI y las favelas»

Monica Benicio es la pareja de Marielle Franco, concejala de Rio de Janeiro que fue asesinada ahora hace un año. Mujer, negra, lesbiaba y de clase baja, Franco supuso la cara visible de diversas luchas para un país ahora gobernado por la derecha más intolerante. Benicio ha continuado la lucha de su compañera, personificando la fuerza y no dejando que las balas borren el legado de Marielle Franco

Marielle Franco, concejal de la ciudad de Río de Janeiro, mujer negra, lesbiana y criada en una favela, fue crudamente asesinada el 14 de marzo de 2018 cuando volvía a su casa. Quien le esperaba en casa era Monica Benicio, su pareja, que desde ese día ha centrado su vida en exigir justicia, no sólo por la muerte de su mujer, sino por un crimen que entiende que es político.

Su lucha pasa también por denunciar la situación fuera de Brasil, y llega a Barcelona un año y dos meses después de los hechos, a invitación del Ámbito LGTBI de CCOO. Conversamos con ella sobre la situación de la investigación y de Brasil antes de un acto en el Centro LGTBI de Barcelona en que la sala se llena, sobre todo de brasileñas que se acercan para compartir un par de horas con ella.

A pocos días del primer aniversario del asesinato de Marielle Franco y Anderson Gomes, el conductor que la llevaba, la justicia encarceló a dos hombres como presuntos autores de los hechos. Lo que reivindicáis es que se averigüe quien encargó su ejecución.

El tirador y el conductor están presos pero aún no han sido juzgados, y este juicio debemos reclamar, porque Brasil, generalmente, se conforma muy rápido, como si la detención lo hubiera resuelto todo, y no. Incluso pueden ser declarados inocentes. Deben ser juzgados y, efectivamente, la pregunta más importante para mí aún no ha tenido respuesta: ¿quién ordenó matar a Marielle y cuáles fueron las motivaciones de este crimen? Es un crimen político y si tenemos una democracia tenemos que saber quién ordenó matar una concejala elegida democráticamente. Mientras no se resuelva eso no podemos decir que haya democracia en Brasil.

Monica Benicio, parella de Marielle Franco, activista pels drets LGTBI al Brasil | Pol Rius

¿Qué pensáis de la investigación?

Las informaciones que tenemos hoy indican que la investigación va ahora a un ritmo aún más lento. Entendemos que hay alguien con mucho poder económico y político detrás de esto, así que la presión social, también internacional, es fundamental para garantizar que las investigaciones sigan adelante. En Brasil es habitual que un crimen tan atroz como éste quede impune si hay una figura política poderosa detrás. Debemos garantizar que esto no ocurra para cambiar la historia de Brasil y decir que no lo podemos admitir, no sólo con Marielle, sino con nadie.

¿Confías en que haya un juicio justo?

Ahora mismo me encuentro a muchos kilómetros de casa, con una diferencia de cinco horas que me está reventando. Si no tuviera una profunda esperanza de que esto será resuelto por la justicia, ni siquiera estaría hoy aquí. Mi proyecto no es un proyecto de venganza, porque si así fuera, tal vez ya lo habría resuelto yo. Es un proyecto de justicia, así que espero que termine como debe terminar, con los acusados ​​siendo responsabilizados si de hecho lo hicieron.

¿Los colectivos más oprimidos viven con más miedo tras el asesinato de Marielle o de la elección de Bolsonaro?

Al revés. El movimiento negro, el movimiento feminista o el movimiento LGTBI venían creciendo en movilización y organización desde el golpe de estado contra Dilma Roussef en 2016. La ejecución de Marielle, que es una ejecución política, quería enviar un mensaje a esta sociedad que se estaba articulando como resistencia. Ella era la única concejala negra en la ciudad de Río, y se reivindicaba como mujer negra, de la favela y lesbiana, todo lo que iba contra la política que siempre ha practicado Brasil, de hombres blancos, heteronormativos y misóginos. El objetivo de este crimen político es decir que Brasil no acepta mujeres, mujeres negras, población LGTBI, población pobre o de la favela ocupando espacios de poder.

Pero no han logrado silenciar su voz

El efecto fue justamente el contrario. Ha habido un avance impresionante en la resistencia, y me parece que esto queda muy claro cuando venimos hasta Barcelona para hablar del asesinato de Marielle. Las balas disparadas contra ella fueron balas disparadas contra la comunidad negra, contra las mujeres, contra la población LGTBI, contra la población de las favelas, periférica, pobre … y estas personas se sintieron muy tocadas y violentadas.

Se vieron reflejadas en un cuerpo que representa mucho lo que es Brasil, pero que a la vez es un cuerpo que la política brasileña considera descartable. Hoy en Río tenemos asesinatos en masa de la juventud negra, estos cuerpos son descartados en Brasil cada día, y sin lugar a dudas quien planeó la ejecución de Marielle pensaba que era otro cuerpo descartable y no tendría repercusiones, a diferencia de si hubiera matado a un hombre blanco heterosexual en las mismas condiciones políticas que Marielle.

Monica Benicio, parella de Marielle Franco, activista pels drets LGTBI al Brasil | Pol Rius

Hoy ella es una imagen de inspiración y fuerza en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. El movimiento LGTBI o el movimiento negro se sintieron muy conmovidos y en vez de retroceder, avanzaron. En las elecciones del 2018, sólo en el estado de Río de Janeiro, elegimos a tres mujeres negras que eran asesoras de Marielle como diputadas estatales. En todo el Brasil lo han sido muchas otras mujeres negras, incluso mujeres negras trans, como Erica Malunguinho en el estado de Sao Paulo, y también mujeres indígenas.

El mensaje de la ejecución de Marielle era que en Brasil hay una política de barbarie, que viola los derechos humanos y que seguirá matando, pero en vez de dar marcha atrás, hemos avanzado para decir que no aceptamos más esta política y que habrá lucha, enfrentamiento y resistencia.

Más allá de estas victorias que comentas, las elecciones de 2018 resultaron en la llegada al poder de Jair Bolsonaro.

A mi me gusta tener una mirada optimista sobre las elecciones a la presidencia. Fue un proceso muy duro y la izquierda se equivocó mucho cuando despreció la capacidad de la derecha de elegir a un fascista, que no debería haber pasado de una broma de mal gusto y ahora es presidente. Pero si sumamos los votos blancos, nulos y por Fernando Haddad, la mayoría de Brasil optó por «Ele não» [«Él no», el grito contra Bolsonaro]. Eso sí, Bolsonaro fue elegido y su familia ocupa todos los espacios de la política: concejal, senador, diputado federal y la presidencia.

Es un retrato de una sociedad que está muy enferma y descreída en la política, que ha llegado a creer que la violencia podía ser un camino razonable para mantener el orden. En los 30 años que estuvo en el Congreso, Bolsonaro no hizo absolutamente nada favorable a la población, ni una sola votación. Ya era conocido como un personaje que tenía un discurso absurdo, de odio y violencia muy fuertes, marcado por características LGTBIfóbicas, machistas, misóginas, racistas … Todo lo que luchamos para deconstruir en la sociedad, él lo tenía incorporado a su discurso.

¿Y cuál es la fotografía de Brasil con la situación actual?

Yo creo que en 2018, con la ejecución de Marielle y la elección democrática de un neofascista, Brasil muestra lo que realmente es. Pierde el carácter de país cordial, paradisíaco, de un pueblo feliz, acogedor y simpático, y pasa a decirle al mundo lo que es: misógino, extremadamente racista, LGTBIfóbico … Y que esto se vea es importante para que podamos trabajar esta nueva política que queremos construir y cambiar esta sociedad tan enferma que tenemos.

¿Cómo ha afectado este proceso electoral al día a día de las personas LGTBI, negros o de las favelas?

Desde el periodo electoral hemos vivido la crónica de una tragedia anunciada. Un presidente que tiene un discurso abiertamente LGTBIfóbico no sólo inspira, sino que legitima a personas que piensan como él, a ejercer esta opinión de forma violenta. Tenemos índice de violencia muy altos, violaciones correctivas contra mujeres lesbianas, es el país que más mata población LGTBI, el primero en transfeminicidios en el mundo, y con un presidente que legitima este odio, que refuerza esta violencia, los índices tienden a aumentar. Tenemos personas siendo golpeadas, siendo violentadas de todas las maneras posibles, más allá de las psicológicas, siendo asesinadas, y creo que es el principal problema, porque estamos hablando de vidas.

Monica Benicio, parella de Marielle Franco, activista pels drets LGTBI al Brasil | Pol Rius

¿Lo dices porque a veces no parece que hablamos de vidas?

Cuando hablamos del número de muertos en Brasil parece que llegue poco. Es muy difícil hacer que un discurso toque a una persona en el campo emocional hasta que no pierde a alguien muy cercano. En Sao Paulo tuvimos una mujer trans asesinada a la que le arrancaron el corazón y pusieron una figura de una santa; hablamos de mujeres lesbianas que son violadas y se encuentran objetos en su vagina…

Estamos hablando de crímenes especialmente crueles, de casos de deshumanidad, de un odio y una violencia muy grandes. Pero cuando lees esto en el diario parece algo muy distante. En cambio cuando apalean a un amigo tuyo por ir por la calle de la mano con su compañero, o cuando tu mujer no llega nunca más para cenar, puedes entender que esta violencia está mucho más cerca de lo que imaginas.

No podemos esperar hasta que nos toque a nivel personal para tener empatía y solidaridad con esta lucha. Hay muchas personas muriendo y en Brasil, desgraciadamente, esto irá a más, porque tenemos un gobierno que dice que los cuerpos LGTBI son un error en la sociedad, que no deberían existir, o aún peor, que es un error que podría ser corregido. Estas muertes están siendo legitimadas por un proyecto de poder fascista.

Tu especialidad es el espacio público …

Lo era … [Desde el asesinato de Marielle Franco, Monica Benicio no ha podido seguir su carrera académica y se dedica en cuerpo y alma a seguir su lucha]

¿Cómo se relacionan con el espacio público estas violencias de las que hablamos?

Mi proyecto de investigación hablaba de la óptica del favelado [habitante de la favela] y de cómo la violencia influencia la interacción del sujeto con el espacio público, porque en esta relación hay muchas violencias simbólicas. El favelado es criado en un ambiente que es construido socialmente como feo y marginal, y no comprende que lo bello pueda ser por él. Mi investigación partía de mi sitio como mujer nacida y criada en la favela, que luego comienzo a frecuentar otros espacios de la ciudad, como la zona sur de Río, que es la parte más elititzada de la ciudad, la más «bonita», más cuidada paisajísticamente. En la favela en cambio el Estado ha estado presente de forma ineficaz, porque es violento y no plantea políticas públicas de calidad.

Cuando sales de allí y transitas espacios con cualidades urbanísticas eficientes, puedes reaccionar con dos extremos: O bien con inferioridad y vergüenza, porque sientes que lo bello no es para ti y por tanto no interactúas plenamente, o bien con agresividad, porque piensas que si no puede ser tuyo no será de nadie más, y por lo tanto no lo cuidas, y  quieres degradar ese ambiente. Y si esto lo trasladamos a la población LGTBI, por ejemplo, vemos que los espacios que transitamos son construidos por la heteronormatividad y por el fundamentalismo religioso muy presente en la sociedad brasileña. Entonces ¿cómo se permitirá que estos cuerpos puedan estar en estos espacios?

Ante el caso de Marielle Franco, ¿qué respuestas ha recibido a nivel internacional?

El objetivo de la campaña internacional es pedir a los organismos internacionales y también a los gobiernos que reclamen al Estado brasileño el avance de las investigaciones, para mostrar que no ha sido olvidado y que el mundo está atento. Siempre recurro a la ONU y a la Organización de Estados Americanos (OEA) y todos los países por donde he pasado han sido muy receptivos. Los gobiernos pueden pedir explicaciones y que sus embajadas en Brasil envíen cartas al gobierno. Es una forma de presionar y decir que el caso no se ha olvidado, que estamos esperando la respuesta a quien la ordenó matar y que no quedará impune.