Política e historia

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Entrevista a Jaume Duch, director de Comunicación del Parlamento Europeo

“Una parte de la sociedad que estaba desconectada de la Unión Europea se ha enganchado”

Jaume Duch cree que los resultados de las elecciones europeas son muy positivos porque el aumento de la participación ha venido de los jóvenes. Y porque los ciudadanos “han entendido que los problemas que más les afectan deben tratarse a nivel europeo y, después, a nivel mundial”

De los 57 años que tiene, 30 los ha vivido como funcionario del Parlamento europeo. Entró como asesor de la eurodiputada de Unión Democrática Concepció Ferrer. Fue portavoz del conservador José María Gil-Robles cuando presidió la Eurocámara. Posteriormente fue director de Medios de Comunicación y portavoz del Parlamento. Y desde febrero de 2017 es director general de Comunicación. Combina discreción y eficacia. En Luxemburgo, Bruselas y Estrasburgo ha conocido los secretos de las negociaciones de alto nivel y la burocracia europea. Los últimos tiempos estaba preocupado por el futuro de esta Europa que conoce tan bien.Dos días antes de las elecciones al Parlamento Europeo publicó un artículo donde decía que de sus resultados podía salir un freno o un acelerador de la integración europea’. ¿Qué ha salido?

Ha salido más bien el acelerador. Todos teníamos un cierto miedo a que subiera de manera significativa el número de diputados anti-europeos. Al final, sin embargo, los resultados no han sido -en todas partes- así. Nos encontramos con un Parlamento en el que más de las dos terceras de la Cámara estarán ocupadas por personas que, desde diferentes posiciones ideológicas, comparten una idea similar de lo que debe ser la Unión Europea.¿Las encuestas ya lo decían?

Prácticamente desde enero daban un Parlamento con una mayoría absolutísima de diputados y diputadas pro-europeos y una minoría, que al final ha pasado del 20% al 23%, que no lo es. Tendremos que examinar con más calma, en las próximas semanas, a qué grupos parlamentarios van a parar los diputados porque algunos que podría parecer que iban hacia un lado pueden acabar yendo hacia otro.No es un grupo homogéneoNada. Ahora se reparten en tres grupos. Uno es fundamentalmente euroescéptico moderado, que no tiene ningún sentimiento federalista, no ve la Unión Europea como un ente político, pero está completamente de acuerdo con el mercado interior y con que se avance de forma pragmática. Hay un grupo anti-europeo, que quiere cargarse la Unión Europea y que no es necesariamente de extrema derecha o de extrema izquierda, sino pura y simplemente anti-europeo, muy soberanista de su propio país. Y hay un tercer grupo que sí son de extremos. Pero son bastante diferentes. Por tanto, en la próxima legislatura muy probablemente cambiarán su posición en el hemiciclo y se reducirá un poco este espacio.¿No es demasiado conformista dar por bueno que los grupos anti-europeos no hayan conseguido la tercera parte de los escaños del Parlamento?

No. La Unión Europea ha pasado por unos años muy difíciles, con la crisis económica, el Brexit y una situación internacional muy complicada. Esto podía hacer que mucha gente dijera que no quería más trámites ni ponerse de acuerdo con gente de otros países para solucionar sus problemas, sino que prefería hacerlo en casa. Este peligro estaba pero no ha prosperado. Por el contrario, en algunos países el aumento significativo de la participación ha venido de gente joven, en buena parte.

Esto significa que una parte de la sociedad que estaba desconectada de la Unión Europea ahora se ha enganchado. Es muy significativo que los que dentro de unos años se deberán responsabilizarse de si quieren continuar o no con la Unión Europea hayan entendido que los problemas que más les determinan deben tratarse a nivel europeo y, después, a nivel mundial.

Los grupos anti-europeos, populistas, xenófobos, ultraderechistas, han crecido. Menos de lo esperado, pero lo han hecho ¿Por qué?

Crecen en algunos países y se reducen en otros. En Dinamarca prácticamente han desaparecido. En los Países Bajos el partido de Geert Wilders no ha sacado ningún escaño y hace años era uno de los enfants terribles de la extrema derecha europea. Es cierto que ha subido la Liga italiana, pero lo ha hecho también respecto a las propias elecciones nacionales. En Francia, Marine Le Pen ha ganado las elecciones pero ya las había ganado hace cinco años y ahora ha perdido votos y escaños en relación a entonces.

Luego está el caso del Reino Unido donde, efectivamente, el partido del Brexit ha sacado muchos escaños, 29, pero a base de comerse prácticamente el terreno del partido conservador británico, que también es euroescéptico. Esta ola de fuerzas extremistas estaba más en los medios de comunicación que en la realidad. Ya nos había pasado en 2014.

¿Ha influido de forma importante el ex-asesor de Donald Trump, Steve Bannon, en el aumento del apoyo a estas opciones? Se instaló en Italia con la voluntad de impulsarlas

El tema ha sido muy serio. Este hombre ha hecho un esfuerzo muy importante para coordinar las fuerzas anti-europeas. Su agenda era de destrucción de la Unión Europea y la comparte con más gente de otros países. No había que despreciar en absoluto. Quería movilizar la parte del electorado más fácil de poner en contra de la Unión Europea, pero no le ha funcionado. Este esfuerzo de Bannon ha quedado a medias. No sé qué hará con su academia. El gobierno italiano la ha cerrado. Europa no es el lugar donde un americano tiene que venir a explicar cómo se debe hacer política. La política americana es una y la política europea es otra.

La participación ha subido hasta el 51%. No es mucho, pero representa una inflexión en relación a la abstención creciente de las últimas convocatorias

Venimos del 42%. Si la participación hubiera caído cinco puntos ahora estaríamos hablando de crisis de legitimidad de la Unión Europea. No ha pasado. Si hemos subido 9 puntos, si Alemania ha votado por encima del 60% de la población, si Francia ha votado por encima del 50% de la población, si algunos países del Este han doblado el porcentaje de participación, significa que hay más gente que se ha dado cuenta de que, efectivamente, las elecciones al Parlamento europeo son importantes.

Que populares y socialistas hayan perdido la mayoría absoluta que han tenido durante muchos años en el Parlamento europeo, ¿cómo afectará?

Es la consecuencia a nivel europeo de lo que ha estado ocurriendo a nivel nacional. Quiere decir, simplemente, que tenemos un Parlamento más diverso, más plural, de alguna manera más fragmentado. No creo que tenga demasiada repercusión en la manera de trabajar del Parlamento porque su ADN es buscar las máximas mayorías posibles, consenso donde se pueda. Cada ponente cada comisión parlamentaria intenta siempre que su proyecto de ley tenga como más apoyo mejor y, por tanto, las transacciones y los pactos se abren mucho. Hay una parte importante de la legislación europea que aprueba con porcentajes de voto por encima del 80% de la cámara.

¿La mejora de resultados de los partidos verdes hay que atribuirla a una mayor preocupación de los ciudadanos por la Emergencia Climática?

Sí. Lo relaciono con esto y con un cierto aumento del voto joven. Se ha roto la abstención masiva de los jóvenes. El fenómeno más interesante es que los votos que han perdido populares y socialistas parece que han ido a los liberales y los verdes. Se han quedado dentro del terreno pro-europeo pasando de las familias más tradicionales a dos fuerzas que vienen con otro tipo de propuestas.

El mapa post-electoral nos deja una Europa azul, de derecha o populista, con una mancha roja en España y Portugal. Son la reserva espiritual del socialismo europeo?

Hay otros países más pequeños con mayoría socialista y no hay que olvidar que hay muchos con gobiernos en coalición donde participan los socialistas. No hablaría de ‘reserva’ de ningún tipo. Las elecciones europeas tienen un componente nacional siempre. Se vota teniendo en cuenta la correlación de fuerzas de cada país y esta correlación es diferente a las diferentes europas. La subida de la participación es notoria pero sigue habiendo una Europa que vota más, que es la occidental, y una Europa que vota menos, que es la central-oriental.

El grupo socialista español, con 20 eurodiputados, es el más numeroso dentro del grupo socialista europeo. Se supone que tendrá un mayor protagonismo en el Parlamento y los demás órganos políticos europeos

Comparado con la legislatura anterior, el porcentaje de participación de los socialistas españoles. En el grupo liberal ha pasado lo mismo y al grupo del PPE ha bajado la presencia española pero puede ocurrir que, al final, también haya una mejor colocación de los diputados del PP. Todo esto sumado es muy importante. Unos lugares muy importantes para influir en Europa son las presidencias de los grupos del Parlamento europeo.

Hace cinco años el nombramiento de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea fue fácil. ¿Lo volverá a ser, ahora?

Con Juncker fue fácil precisamente porque el Parlamento ya lo tenía decidido. Hasta hace diez años, el presidente de la Comisión Europea lo escogía únicamente el Consejo Europeo por un sistema de mínimo común denominador. Había varias personas que eran vetadas por diferentes países y al final se encontraba una a la que nadie vetaba y que acababa siendo presidente de la Comisión Europea. Desde que se aprobó el Tratado de Lisboa, el Parlamento Europeo tiene voz y voto en esta elección. En 2014 el Parlamento hubo un acuerdo muy rápido y contundente a favor de Juncker. Fue la primera vez que el Consejo Europeo hizo una propuesta sin unanimidad, que los británicos y los húngaros se descolgaron, pero el resto votó a favor de Juncker y el Parlamento lo eligió.

Jaume Duch, portavoz y director general de Comunicación del Parlamento Europeo | Pol Rius

Este mandato de la Comisión ha venido asociado a algunas cuestiones. Una de ellas es la austeridad. ¿Influirá el nuevo Parlamento en que cambie esta asociación?

Este discurso y la posición de la Comisión Europea han cambiado en los últimos dos o tres años. Dependerá de la posición del Parlamento Europeo. En esta legislatura, la institución que comenzó a dar las primeras señales de alarma sobre el exceso de políticas de austeridad fue el Parlamento europeo. La Comisión Juncker ha intentado volver a poner sobre la mesa de una manera bastante decidida los temas de políticas sociales. Muchas de las últimas leyes del final de la legislatura son fundamentalmente de política social europea. En los próximos cinco años dependerá, en buena parte, del Parlamento y de una Comisión que, al ser elegida por este Parlamento, deberá negociar su programa legislativo y sus prioridades con él.

Jaume Duch, portavoz y director general de Comunicación del Parlamento Europeo | Pol Rius

También se ha asociado la Comisión Europea con una política hacia los refugiados muy criticada. La Comisión ha trasladado la responsabilidad a los gobiernos de cada país miembro. ¿Quién tiene la culpa de lo ocurrido con la atención a las personas que piden refugio en Europa?

No hablaría de culpa. Hablaría de responsabilidad. La responsabilidad la tienen las instituciones con competencias y poder. En política migratoria, la mayor parte de las competencias la tienen los Estados miembros y, por ejemplo, la ejecución de los planes de distribución de refugiados de 2015-2016 era competencia de los estados. La Comisión y el Parlamento hicieron su trabajo. La Comisión presentó una propuesta para reformar la normativa comunitaria en materia de asilo para permitir esta redistribución y una política de acogida más eficaz. El Parlamento la tramitó y consiguió una mayoría importante que la apoyaba pero quedó bloqueada en la mesa del Consejo de Ministros de Interior para que una serie de gobiernos se opusieron y continúa bloqueada allí.

Una de las prioridades del inicio de la próxima legislatura debería ser conseguir desbloquear esta propuesta y, sobre todo, crear rápidamente un marco de regulación de la inmigración legal, que no existe. No se trata sólo de aprobar medidas sobre qué hacer con la inmigración ilegal sino de crear una política para la inmigración legal, como tienen los grandes países del mundo, con un sistema de cuotas, un sistema que permita dar a la gente que quiere entrar en la Unión Europea una perspectiva que no le obligue a jugarse la vida por venir.

Un grupo de abogados internacionales acaba de presentar en la Corte Penal Internacional una denuncia contra la política migratoria de la Unión Europea por ‘crímenes contra la humanidad’

Cabe preguntarse a quién se dirigen cuando se denuncia la Unión Europea. La Unión Europea está a medias. En algunos temas es una unión y en otros sigue siendo, pura y simplemente, una coordinación de gobiernos. La inmigración depende todavía fundamentalmente de este segundo sistema. No hay una política comunitaria de inmigración como sí existe una política comunitaria agrícola o comercial. Mientras no sea así, las denuncias son contra Estados como ejecutores a nivel de la Unión Europea.

¿Se debe reestructurar la organización de la Unión Europea? Parlamento, Comisión, Consejo … ¿Los ciudadanos no agradecerían un organigrama político más sencillo, más similar al que hay en cada país? 

Sería lo ideal. Las candidaturas transnacionales llegarán en esta legislatura. Estuvieron a punto de llegar a la última y por una mayoría exigua no pasaron. Es muy probable que pasen en esta próxima. En cambio, cosas que exijan modificar los Tratados, como unificar las presidencias de algunas instituciones o dar más competencias al Parlamento europeo, será mucho más complicado. Estamos en una situación que si abriéramos una negociación para la modificación del Tratado nos encontraríamos con países que quieren ir adelante pero también con otros que quieren ir atrás.

De momento lo que hay que hacer es intentar aprovechar al máximo todo lo del Tratado de Lisboa que aún no se ha puesto en marcha. El gran problema de la Unión Europea, y el caso de la inmigración es un ejemplo, es cuando los Estados miembros deciden por unanimidad y no por mayoría cualificada, cuando cualquier Estado tiene derecho a vetar una decisión. Para pasar de la unanimidad a la mayoría cualificada no es necesario reformar el Tratado. Los países pueden decidir sin esta reforma. La vía es esta: ir reduciendo poco a poco el número de unanimidades. Cuando sacas las decisiones del ámbito de la unanimidad al final siempre se llega a compromisos y se avanza. A veces, muy poquito; a veces, un poco más; pero siempre se adelante, mientras que si estás en el régimen de la unanimidad siempre habrá alguien -los británicos o cualquier otro- que inmovilicen la Unión Europea.

El Parlamento Europeo elegirá un presidente de la Comisión de un color político determinado y cada país propondrá un comisario del color que predomine en su gobierno. ¿Se pueden hacer políticas y eficaces coherentes así?

La Comisión tiene comisarios de diferentes colores pero lo que importa es el programa de prioridades y el programa legislativo y de trabajo que el presidente de la Comisión negocia con el Parlamento. Y que haya en el Parlamento europeo una mayoría que defienda este programa durante cinco años y se asegure de que la Comisión lo cumple. La Comisión es un órgano colegial: los comisarios no pueden tomar decisiones por su cuenta. Deben aceptar las decisiones que se tomen por mayoría dentro del propio colegio.

No hay que olvidar, además, que no cualquier candidato a comisario acaba siéndolo. Los Estados miembros hacen sus propuestas de candidatos pero estas personas tienen que ir al Parlamento europeo y pasar unas audiciones, unos exámenes, muy al detalle, no sólo del nivel de conocimiento sobre la cartera que les corresponderá sino también sobre su manera de pensar respecto a la Unión y cuáles deben ser las prioridades europeas para los próximos años. Cada vez que esto se ha hecho, el Parlamento ha exigido o bien reemplaza algún candidato o lo cambia de cartera. No excluyo que en septiembre u octubre el Parlamento, cuando se hagan las audiciones, obligue al presidente de la Comisión a introducir cambios en su equipo.

Está previsto que en esa etapa se produzca finalmente el Brexit

Coincidirá con el final de la prórroga del Brexit, aunque esto ya no quiere decir nada, porque no sabemos qué pasará después. O antes.

Seguro que creará más revuelo en el Parlamento europeo el Brexit que el acceso al acta de eurodiputado de Puigdemont, Comín o Junqueras

Probablemente

Terminaba el artículo que hemos mencionado citando Jürgen Habermas que dijo que «el punto en el que no hay marcha atrás no se ve hasta que es demasiado tarde». Usted pedía que nos aseguráramos este punto no fuera el 26 de mayo. ¿No lo fue?

No lo fue. Hicimos mucho más que salvar los muebles. Logramos entre todos movilizar un poco más la población, que no sólo los antieuropeos fuesen los que movilizaran a sus partidarios. Esto explica probablemente que haya subido la participación y que, mirando los porcentajes de representación de los diferentes partidos, nos haya quedado un Parlamento europeo perfectamente funcional.

¿De qué dependerá que no nos encontramos dentro de unos meses o años en este punto en que ya no haya marcha atrás?

De qué en estos cinco años próximos las instituciones europeas sean capaces de convencer a los ciudadanos que tienen un valor añadido, que ser miembros de la Unión Europea significa contar con un paraguas que funciona y con una palanca que permite conseguir cosas que por su cuenta no conseguirían. Pero si dentro de cinco años llegan a la conclusión de que ni paraguas ni palanca, entonces nos podemos encontrar que, en función de cómo esté evolucionando el mundo, haya más gente que decida que intenta probarlo a la antigua; es decir, cada uno por su cuenta.