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«Si varias generaciones comparten tiempo, espacio y conocimientos, las mentes se abren»

Al periodista Carl Honoré se le describe como analista social y cazador de tendencias. Su primer libro lo convirtió en el gurú del movimiento de la lentitud (slow), que invitaba a reducir el ritmo vital para disfrutar más de cada momento

La promoción de un libro -con presentaciones, comidas, entrevistas y viajes de ciudad en ciudad sin mucho tiempo para digerir nada-, no debe de ser el mejor ecosistema para Carl Honoré. Pero este periodista escocés de nacimiento y canadiense de adopción llega a la entrevista caminando lentamente, con un sombrero en la mano, y se toma su tiempo antes de empezar a hablar.

Saltó a la fama con su libro In Praise of Slow (‘Elogio de la lentitud’, en castellano), que se ha convertido en un bestseller y el erigió como gurú del movimiento social que predica pisar el freno del ritmo vital para disfrutar más, conocernos a fondo y poner el foco donde realmente interesa. Para vivir mejor, en definitiva.

Con este mismo objetivo, Honoré ha escrito un nuevo libro: (B) Older. Making the most of our longer lives. En España acaba de salir con el título Elogio de la experiencia (RBA Libros). A través de historias, estudios, informes y datos, el periodista muestra que se puede ser feliz siendo viejo, dignifica el paso del tiempo y rompe los prejuicios asociados a la vejez. En esta entrevista nos cuenta cómo acabar con la discriminación por razones de edad en diversos ámbitos de la sociedad.

Un día oí una frase impresionante: «La experiencia es lo que te llega cuando ya no te sirve para nada». Usted argumenta, por el contrario, que la vejez tiene muchos aspectos positivos que hay que potenciar individual y socialmente. ¿Cuáles?

Pensamos en el envejecimiento como una época desagradable, pero vale la pena vivirla de la mejor manera posible. Es evidente que no tendremos la misma salud y agilidad que cuando éramos más jóvenes, pero muchos otros aspectos mejoran con la edad, como la creatividad, la productividad en el trabajo, la experiencia, la agilidad social … Hay estudios que dicen que la madurez aporta, incluso, ¡más felicidad!

Carl Honoré, durant l’entrevista | Pol Rius

Sus ‘reglas de oro’ para que cada uno acepte el paso del tiempo y lo viva con naturalidad son, entre otras, mantener el cerebro y el cuerpo activos, salir con amigos, aprender continuamente … ¿Qué consejo es el más importante para acabar, además, con la discriminación por la edad?

La convivencia entre gente de diversas edades en todos los ámbitos sociales es esencial para luchar contra la discriminación por la edad. Rodearnos siempre de personas de nuestra misma edad hace que vivamos en una burbuja donde surgen los prejuicios, pero si varias generaciones comparten tiempo, espacio y conocimientos, las mentes se abren y el edadismo se reduce. Sobre todo entre los jóvenes, que empiezan a forjar una visión más optimista de la gente mayor y de su propio proceso de envejecimiento.

¿Cree que nuestra sociedad incentiva esta convivencia entre generaciones?

Lo va haciendo poco a poco. Si ponemos el foco en el ámbito educativo, por ejemplo, ya hay centros que realizan actividades mezclando alumnos de diversos cursos para que aprendan unos de los otros. Esta decisión debería ser, sin embargo, transversal.

¿La escuela ha sido, pues, un caldo de cultivo para los prejuicios contra las personas mayores?

¡La escuela es la burbuja edadista por excelencia! Allí, en una clase, sólo conviven niños de la misma edad.

¿Qué otros cambios debería llevar a cabo el sistema educativo para contribuir a crear una sociedad más inclusiva con estas personas?

El sistema educativo debería implantar dos ideas. La primera idea consiste en transmitir que el aprendizaje no es sólo apto para jóvenes, sino una capacidad que se puede desarrollar a cualquier edad. La segunda idea radica en inspirar a los niños y niñas a ‘visualizar’ cómo será su verdadero ‘yo’ futuro, a imaginar cómo serán dentro de 30, 40, 50 años. Sólo así tomarán conciencia sobre la muerte y la vejez y respetarán todo lo que se asocia con estas etapas. Además, la educación superior debería ser más flexible, con centros y universidades que faciliten más -e incluso potencien- la entrada y la salida de estudiantes a cualquier edad.

En España, el 30% de la gente con más de 45 años afirma haber sufrido discriminación por la edad, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). ¿Cómo se puede garantizar la protección de sus derechos?

Existen leyes para proteger jurídicamente a las personas mayores, pero en la práctica no se cumplen. Por eso hemos de iniciar un movimiento social épico, una revolución para hacer ver el edadismo como un acto vergonzoso y socialmente inaceptable, a la altura de los peores actos sexistas o racistas. Tenemos muchos flancos donde se discrimina las personas mayores: el ámbito educativo, el jurídico, el mercado laboral … Incluso el lenguaje que utilizan los medios de comunicación es a menudo edadista, con expresiones como: ‘a pesar de su edad, todavía puede saltar en paracaídas’; o ‘tener 80 años no le ha impedido sacarse la carrera de ingeniero’.

Debemos reinventar el discurso y descartar el lenguaje con sentido peyorativo que transmita la idea de que, a partir de los 35, todo va de capa caída, y que la madurez es el camino hacia la decrepitud, el deterioro, la depresión, la demencia, la pobreza, la soledad … En realidad, esto no es así; diversos estudios y muchas estadísticas contradicen esta idea. La única salida para acabar con los prejuicios contra las personas mayores es difundir estos datos para generar conciencia. Hemos de poner en marcha una potente campaña publicitaria para que todo el mundo se dé cuenta de lo que están pasando las personas mayores y para acabar con su discriminación.

Se habla mucho de las redes sociales y la tecnología como terrenos que fomentan las diferencias entre la gente mayor y la gente joven y promueven los prejuicios. ¿Son, en parte, responsables de esta brecha generacional?

No. Yo soy muy optimista respecto a las redes sociales, porque están rompiendo los fundamentos de la cultura edadista. Como devuelven la autonomía y el poder comunicativo al individuo y democratizan la tecnología, consiguen que todo el mundo muestre en fotos y vídeos la versión más alegre de tener 35 años, 40, 50, 60, 80 … Son fotos y vídeos de usuarios de todas las edades haciendo un abanico de actividades interesantes y positivas. La mejor manera de luchar contra los estereotipos negativos de la edad es crear un paisaje visual que muestre lo contrario y que provoque al espectador sentimientos de felicidad. ¡Evitemos las series, las películas y los anuncios que difundan estereotipos sombríos y tristes de la vejez! La vida no termina a los 35 o 40, por mucho que nuestra cultura nos intente vender esta idea.

¿A quién beneficia la existencia del edadismo?

A una potente industria anti-envejecimiento que mueve mucho dinero al año y saca provecho de nuestro miedo a hacernos mayores. Es verdad que, cada vez más, las revistas femeninas, por ejemplo, evitan utilizar expresiones peyorativas contra la edad y, por lo contrario, incluyen en sus páginas fotos de cuerpos diferentes y mujeres de edades avanzadas. Paso a paso.

¿Como hemos llegado a esta visión negativa del envejecimiento en nuestra cultura? Hay otras donde las personas mayores son las más sabias y más importantes del grupo.

Todas las culturas rechazan y han rechazado a lo largo de los tiempos ciertos aspectos de la madurez. ¡Incluso en el Imperio Romano hacían burla de su gente mayor! Este sentimiento tiene raíces profundamente humanas y naturales: nos da miedo la muerte, no queremos perder fuerza física … Además, la fertilidad nos atrae genética, orgánica y naturalmente, y este es un aspecto clave de la juventud. Por lo tanto, siempre, en todas las culturas, ha habido edadismo; pero desde los años 60 del siglo pasado, hemos puesto la juventud sobre un pedestal. La veneramos, es la época vital a la que todos aspiramos, tengamos la edad que tengamos. La juventud es una etapa de culto. Siempre está presente la idea de que, cuanto más joven, mejor.

Cuando Hillary Clinton se presentó a la carrera por la presidencia de EEUU, un locutor preguntó a la audiencia si quería ver envejecer una mujer, día tras día, en la televisión. Hay quien criticó duramente que la pareja de Emmanuel Macron, el presidente de Francia, tuviera 24 años más que él. El edadismo está muy presente en nuestra cultura, pero parece que todavía no hemos alcanzado los objetivos del movimiento feminista. ¿Estamos preparados para la revolución de la longevidad?

Ahora es el momento. La lucha contra el edadismo encaja perfectamente con la del feminismo, con la del racismo, con los movimientos a favor de nuevas normas de género y sexualidad … Mucha gente de todas las edades está cuestionando el modelo socioeconómico imperante hasta ahora y es consciente de que debe haber otro camino, una re-definición en diferentes ámbitos. Los cambios son necesarios y reivindicar la vejez contribuirá a hacer tambalear y derribar estructuras obsoletas sobre las que se sustentaba, hasta ahora, nuestra cultura.

¿Puede describir cómo debería ser el mercado laboral en un mundo de respeto a la vejez?

Actualmente, la ruta de vida laboral es muy rígida, dividida claramente en tres etapas: la primera es la del aprendizaje; la segunda es la del trabajo, las ganancias y, muchas veces, el planteamiento familiar; y la tercera es la del descanso, que a menudo va asociado a algún voluntariado. Este modelo funcionó cuando la gente moría a los 70, pero actualmente no tiene ningún sentido, porque después de la jubilación todavía pueden quedar 25 años con bastante calidad de vida y capacidades físicas y cognitivas para producir incluso más que antes. Por lo tanto, creo que el mercado laboral debe ser más fluido y debe ofrecer la posibilidad de tomarse años sabáticos para fomentar el aprendizaje continuo. La vida es como un libro de varios capítulos en los que cada uno debe definir qué quiere hacer.

Tal vez, en lugar de jubilarme, yo quiera seguir trabajando, pero solo un día a la semana. El sistema laboral debería garantizar y facilitar esta libertad para aprovechar mi productividad-ya hemos dicho que ésta aumenta con la edad-y para que yo me sienta más útil y sea más feliz en la madurez. Saquémonos el yugo de las tres etapas laborales cerradas y para todos iguales. ¡Reinventémonos la vida!

LAS REGLAS DE ORO PARA VIVIR UN ENVEJECIMIENTO FELIZ

  • Seguir aprendiendo y experimentando.
  • Cultivar las relaciones sociales.
  • Tener referentes que de mayores han hecho grandes cosas: la actriz Helen Mirren, el naturalista David Attenborough o incluso Michelangelo, que reconstruyó la Basílica de San Pedro con más de 80 años.
  • Mantener el cerebro y el cuerpo en forma y comer bien
  • Hacer que cada momento sea especial y evitar cualquier aspecto vital que no aporte alegría.
  • Encontrar un propósito que sea importante en tu vida
  • Ser honesto con tu edad. Dar una cifra inferior da al número de años un poder que realmente no tiene y enfatiza la idea de que la juventud es mejor.
  • Ser flexible y abierto al cambio, el crecimiento y la evolución.
  • Ignorar a quien dice que sexo y amor son sentimientos de juventud. No es cierto.
  • Ser positivo y prestar atención a las ventajas de envejecer: más felicidad, altruismo, creatividad, conocimiento, experiencia.
  • Cultivar el sentido del humor. Reír mejora la salud y alarga la vida.
  • Pensar en la muerte como un acto natural. Tomar conciencia da forma y significado a la vida y hace que cada segundo se viva con toda la intensidad.