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Hong Kong, la ciudad que desafía a China

Los habitantes de Hong Kong se sienten orgullosos de los derechos que heredaron de la antigua metrópoli, Gran Bretaña, y de sus libertades, aunque nunca disfrutaron de una democracia plena. Ahora forman parte de China, pero luchan por mantener su autonomía frente un régimen de partido único y que reprime toda disidencia

Los habitantes de Hong Kong se sienten orgullosos de los derechos que heredaron de la antigua metrópoli, Gran Bretaña, y de sus libertades, aunque nunca disfrutaron de una democracia plena. Ahora forman parte de China, pero luchan por mantener su autonomía frente un régimen de partido único y que reprime toda disidencia

Hong Kong era una ciudad que durante años sólo se la relacionaba con el lujo, las finanzas y por ser la más cara del planeta, donde el precio de un apartamento no baja del millón de euros. Desde principios de junio, sin embargo, encabeza las noticias de los medios de comunicación de todo el mundo debido a las manifestaciones multitudinarias que protagonizan sus estudiantes durante los fines de semana. 

Al principio, protestaban contra una polémica ley de extradición que habría aumentado la influencia de China sobre el gobierno local, pero ahora también reclaman que se investigue la represión policial, que se libere a los detenidos en las protestas y que se aplique el sufragio universal en esta antigua colonia británica. Unas movilizaciones que no se sabe muy bien ni cómo ni cuándo terminarán.

La mecha prendió en las calles de Hong Kong cuando la jefa del Ejecutivo local, Carrie Lam, decidió presentar una ley que permitiría extraditar a China, Taiwan y Macao, fugitivos acusados de haber cometido delitos graves en estos territorios. La iniciativa provocó una oleada de protestas, empezando por los jueces, que se manifestaron por el centro de Hong Kong por considerar que la propuesta atentaba contra la independencia judicial y expondría a los extraditados a la opaca justicia china, supeditada al Partido Comunista.

Carrie Lam justificó su iniciativa. Explicó que el origen era el asesinato en Taiwan de una joven embarazada de 20 años a manos de su novio hongkonés de 19 en febrero del 2018 y que no se podía atender la demanda de la justicia taiwanesa porque no existe ningún acuerdo de extradición entre los dos lugares.

De nada sirvieron sus explicaciones, ni las garantías de que los tribunales de Hong Kong tendrían la última palabra. El temor a que la ley sirviera de amparo a Pekín para reclamar a activistas políticos o religiosos críticos con el régimen chino se impuso y dio paso a unas movilizaciones que han sacado a la calle a millones de hongkoneses y se han convertido en las más numerosas que ha vivido la antigua colonia británica. 

Batallas campales

Unas protestas que desde el 9 de junio han adquirido un carácter cada vez más reivindicativo y violento hasta transformar los choques con la policía, que han detenido a más de 1.200 personas, en verdaderas batallas campales. Incluso el aeropuerto, el octavo del mundo en tráfico de pasajeros, fue bloqueado varios días por los manifestantes en una acción sin precedentes.

En muchas partes del planeta han sorprendido estas movilizaciones, que han llegado a concentrar hasta dos millones de personas. Sin embargo, este tipo de acciones no son nuevas desde que la metrópolis retornó a China en 1997 y describen la creciente desconfianza que se ha instalado entre los 7,5 millones de personas que viven en esta ciudad acerca de que Pekín respete sus derechos y sus libertades.

Los hongkoneses temen que el Gobierno chino no respete el principio de “un país, dos sistemas”, que la primera ministra británica, Margaret Thatcher, y el líder chino Deng Xiaoping pactaron en 1984 durante las negociaciones, en las que sellaron el retorno de la ciudad a China, tras 99 años de cesión de estos territorios al imperio británico como consecuencia de las derrotas del imperio chino en las llamadas guerras del opio (1839-1842 y 1856-1860). Un acuerdo que permite a Hong Kong disponer hasta el 2047 de moneda propia y un sistema judicial independiente, así como de libertad de expresión y reunión. Unos derechos impensables para los habitantes del resto del territorio chino.

El recelo de los habitantes de la ciudad de la bahía perfumada, un calificativo que se remonta a cuando allí recalaban los barcos cargados de especies con destino a los puertos europeos, ha ido creciendo desde principios del siglo XXI, debido a los intentos de las autoridades locales de promover leyes del agrado de Pekín. Iniciativas, todas ellas, que han chocado con la resistencia de los hongkoneses, que se sienten orgullosos de la herencia británica y de sus libertades, aunque nunca disfrutaron de una democracia plena.

La primera gran manifestación de rechazo a Pekín fue en el 2003. Ese año las autoridades locales intentaron promulgar una ley de seguridad nacional para prohibir la “traición, la secesión y la subversión” en contra del gobierno de China. La iniciativa sacó a la calle a más de medio millón de personas, temerosas de ver restringidos los derechos de libertad de expresión y de opinión y las autoridades locales dieron marcha atrás y retiraron el proyecto.

Los precedentes de 2012 y 2014

En el 2012, la movilización ciudadana fue aún mayor cuando los responsables del Ejecutivo local intentaron incluir en el plan de educación clases de patriotismo nacional, en las que se ensalzaban las virtudes del régimen de partido único y los éxitos del partido comunista chino en el desarrollo del gigante asiático, frente a las democracias occidentales. En su defensa, las autoridades locales esgrimían la importancia de cultivar el sentimiento de orgullo nacional y de pertenencia a China. La iniciativa tampoco prosperó.

Y en el 2014 estalló la llamada Revolución de los Paraguas, un movimiento liderado por los estudiantes que fue bautizado de esa manera porque con ellos se defendían de los gases lacrimógenos y el gas pimienta que les tiraba la Policía. En esta revuelta, que se prolongó por espacio de 79 días, los jóvenes paralizaron el centro de la ciudad reclamando elecciones democráticas.

Hong Kong, China – 19 de octubre de 2014: la policía antidisturbios dispersa a los manifestantes con bastón en el área ocupada en el distrito de Mongkok.
Cuando la policía ahuyentó a los manifestantes, arrojaron miles de gases lacrimógenos y se convirtió en un mar de nubes.

Los estudiantes apoyaban sus reivindicaciones en que Pekín se había comprometido en el 2007 a permitir alguna forma de sufragio universal para las elecciones a presidente de esta región autónoma china en el 2017. Esa fórmula consistió en que los habitantes de la ciudad votasen entre tres candidatos propuestos por Pekín. Un cambio, considerado insuficiente por los hongkoneses, bastante sustancial para avanzar hacia el sufragio universal respecto a la norma que imperaba hasta ese momento. Un sistema que consistía en que un comité de 1.200 personas que representaban a todos los sectores productivos y sociales de Hong Kong -la mayoría de ellos proclives al régimen comunista- elegía al próximo presidente de entre una terna de tres candidatos propuestos por Pekín.

Pero la rebelión de los estudiantes fracasó. Las autoridades de Pekín no se movieron ni un ápice. En realidad, fue peor, ya que interpretaron que los hongkoneses no aceptaban sus reformas, las retiraron y advirtieron que a partir de entonces se mantendría el mecanismo electoral existente. Una fórmula que llevó a la presidencia en el 2017 a Carrie Lam.

No obstante, el germen de la revuelta ya había prendido entre los jóvenes hongkoneses, preocupados por los intentos de China de querer imponer la censura y limitar sus libertades y de que Hong Kong sea gobernada en el futuro bajo el mismo sistema que el conjunto de la República Popular china. Un recelo que los llevó a salir a la calle el 9 de junio y promover una nueva oleada de movilizaciones contra un proyecto de ley de extradición que, tras la retirada de la iniciativa, se han transformado en unas reivindicaciones por la implantación del sufragio universal. 

Quizá ahora vuelvan a fracasar, como lo hicieron en el 2014, pero saben que el actual régimen de autonomía que disfruta Hong Kong termina el primero de julio del 2047 y que hasta esa fecha tienen tiempo para reclamar democracia a China, un régimen de partido único que con su evolución marcará el futuro de esta metrópolis asiática.

¡Comprueba tus conocimientos!

¿Qué derechos tiene reconocidos Hong Kong en los acuerdos firmados entre Gran Bretaña y China en el 1984?

¿Cuándo termina el actual estatus legal de Hong Kong?

¿Qué nombre recibió la gran protesta del 2014?

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