Política e historia

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La democracia logra por fin sacar a Franco del Valle de los Caídos

¿Por qué en España le ha costado tanto poder exhumar el cadáver del dictador del mausoleo en el que estaba y en el que se encuentran miles de sus víctimas? Para responder debemos hacer un poco de historia

El cadáver del general Francisco Franco Bahamonde, que estuvo rigiendo con mano de hierro España durante casi 40 años, fue trasladado el pasado 24 de octubre desde la basílica del Valle de los Caídos hasta el cementerio madrileño de Mingorrubio.

El traslado de los restos mortales de Franco de un enorme mausoleo a un pequeño camposanto madrileño ha resucitado una vieja controversia entre los partidos de izquierda y los de derecha. Las fuerzas conservadoras han criticado la exhumación y la han tildado de electoralista, porque se ha producido pocos días del inicio de la campaña de los comicios legislativos del 10 de noviembre. Las formaciones progresistas, por el contrario, consideran que ha sido el momento oportuno e incluso algunos dirigentes de izquierda opinan que se ha realizado muy tarde.

De hecho, Franco llevaba enterrado en el Valle de los Caídos desde su fallecimiento, en noviembre de 1975, casi 44 años. El Valle de los Caídos es un monumento construido en la sierra madrileña por orden del propio Franco al poco de que este ganase la guerra civil española, que empezó en 1936 y acabó en 1939. El conflicto bélico se inició por un golpe de Estado protagonizado por militares rebeldes, instigado por partidos conservadores y fascistas y financiado por empresarios contrarios a la Segunda República. Poco después de que empezase la conflagración, Franco se convirtió en el mandamás de los golpistas y pasó a llamarse “caudillo”. 

La guerra civil causó centenares de miles de víctimas en los dos bandos en liza, tanto en el que se alzó en armas contra el Estado democrático como entre los defensores de la Segunda República. 

El bando franquista, autodenominado “nacional”, contó con el respaldo de dos estados totalitarios que por aquel entonces amenazaban la estabilidad de Europa: el nazi austriaco Adolf Hitler, dictador de Alemania, y el fascista italiano Benito Mussolini. Los gobiernos de Berlín y Roma enviaron tropas para ayudar a Franco, mientras que la Unión Soviética, gobernada por otro dictador, el comunista JosifJosef Stalin, apoyaba al Ejército republicano, que pidió también ayuda a las democracias europeas (Francia y Gran Bretaña) con escaso éxito. La guerra civil española ha sido interpretada por algunos historiadores como el prólogo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Tras la victoria de Franco, con España diezmada y arruinada por la guerra y por la represión que los falangistas infligieron después a todos aquellos que se significaron por su defensa de la democracia, el nuevo dictador mandó erigir un mausoleo para mayor y gloria del autodenominado Movimiento Nacional, el partido único que le respaldaba.

El monumento fue levantado piedra a piedra por miles de presos republicanos, que tenían así que redimir el “pecado” de haber defendido la libertad y la democracia. Muchos de estos obreros forzosos murieron mientras edificaban el monasterio y la basílica.

Valle de los Caidos, Madrid

En el interior del templo, regentado por una comunidad de monjes benedictinos, fueron enterradas más de 33.000 personas de los dos bandos que cayeron durante las batallas y las represalias de la guerra. Se desconoce la identidad de la mayoría de ellas y, por esta razón, los detractores del Valle de los Caídos hablan de “la mayor fosa común de España”.

Estos mismos críticos, entre los que se hallan miles de familiares de víctimas del franquismo, reclaman que el polémico monumento se convierta en un centro de interpretación de la memoria histórica, que explique la guerra civil y la dictadura posterior (1936-1975) a las generaciones más jóvenes. 

¿Por qué en estos 44 años de democracia nadie se ha atrevido a sacar a Franco del mausoleo que se construyó a sangre y fugo para mayor gloria de él y su régimen? ¿Por qué si fue un dictador sanguinario sus restos mortales no tuvieron el mismo destino que los de sus aliados contemporáneos Hitler y Mussolini?

Ni como Hitler ni Mussolini

Hay varias razones que pueden responder ambas preguntas. Algunas de ellas son: Hitler y Mussolini provocaron la Segunda Guerra Mundial, junto con Japón. Y la perdieron. No pudieron ser juzgados por las potencias aliadas que les vencieron, porque el primero se suicidó y el segundo fue linchado por soldados enemigos y combatientes de la resistencia italiana. El nazismo y el fascismo fueron prohibidos en sus respectivos países. Y, al contrario que en España, exhibir símbolos nazis o fascistas en estos países, puede ser penado con la cárcel. El cuerpo de Hitler fue quemado y el de Mussolini está enterrado en un modesto cementerio civil italiano.

Franco, en cambio, pudo ser dictador durante cerca de 40 años porque se abstuvo de luchar contra las democracias occidentales durante la guerra mundial y, a mediados del siglo XX, su régimen autoritario fue reconocido e incluso respaldado por Estados Unidos y la comunidad internacional.

Franco murió en la cama. Los demócratas españoles, algunos de ellos en el exilio, no consiguieron derrocarlo en vida. Y, tras su defunción, sus seguidores, que no eran pocos, pactaron con los líderes de la oposición una transición hacia un régimen de libertades que fuera homologable con el resto de democracias occidentales, así como una amnistía para todos los presos políticos y exiliados.. A cambio, no habría depuraciones de franquistas en el aparato del Estado y los cambios serían progresivos y pausados en todos los ámbitos: institucionales, sociales, económicos, religiosos, etcétera. Presionados por los dirigentes democráticos y las opiniones públicas interior e internacional, lLos arquitectos de esta transición fueron el rey Juan Carlos, heredero político de Franco, y Adolfo Suárez, un alto dirigente del Movimiento Nacional que en 1977 se convirtió en el primer presidente del Gobierno elegido en las unas urnas libres desde 1936. 

Los líderes democráticosócratas se marcaron como prioridades consolidar las libertades y los derechos individuales y colectivos de los españoles, ampliar el Estado del bienestar e incorporarse a la Unión Europea. DY durante los primeros años de la transición, prefirieron no levantar ampollas ena los influyentes altos funcionarios franquistas integrados en el Ejército y, la administración de Justicia y la policía, por ejemplo, ni eno a la ultraconservadora jerarquía episcopal, que tenía ejercía entonces una gran enorme influencia en amplias capas de la población española. Sacar por aquel entonces a Franco del Valle de los Caídos hubiera sido visto percibido como una “enorme intolerable provocación” por aquellos poderosos sectores. Y nadie hasta ahora se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato, cuyos familiares y admiradores han estado dando desesperados zarpazos al aire para evitarlo