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Asesinato de Marielle Franco: un ataque a las favelas, las mujeres y los negros de Brasil

Con la muerte de la activista, los criminales intentaron silenciar a una de las voces más combativas contra la violencia, la desigualdad y la discriminación en Río

La noche del 14 de marzo, en el centro de Río de Janeiro, asesinaron a Marielle Franco, 38 años, concejal del PSOL (Partido Socialismo y Libertad) y activista por los Derechos Humanos.

No fue uno más de los alrededor de 60.000 homicidios anuales que sufre Brasil. Decenas de miles de brasileños salieron a las calles en los días después de su asesinato porque con él intentaron silenciar a una de las voces más combativas contra la violencia, la desigualdad y la discriminación en Río. Le rindieron homenaje y pidieron una investigación justa en un país que casi nunca resuelve sus delitos.

Mujer, negra, bisexual, madre desde adolescente y crecida en la favela de Maré, Marielle daba voz a las minorías pobres que más difícil lo tienen para abrirse paso en Brasil. Su elección como quinta concejal más votada en las elecciones municipales de 2016 fue un soplo de esperanza para ellos.

Pero un coche se acercó a dos metros del que Marielle ocupaba y su conductor disparó. De los diez tiros, cuatro fueron a la cabeza de la activista. Murió en el acto, como al conductor del coche. La asesora de prensa resultó herida.

Ejecución política de una voz incómoda

Tal y como ha contado la policía a los medios brasileños, la principal línea de investigación apunta a una ejecución cometida por policías o milicianos, que son grupos criminales formados también por agentes, exagentes y otros corruptos.

¿Por qué? El activismo de Marielle era incómodo. Pocos se atrevían a señalar tan directamente a policías violentos como ella, que el domingo denunció al conocido como “Batallón de la Muerte” de Acarí, una favela de Río en la que patrullan los policías más violentos de la ciudad.

Licenciada en sociología, Marielle era, además, una de las encargadas, en  la Cámara Municipal, de vigilar la evolución de la intervención del Ejército en las favelas, aprobada a finales de febrero por el presidente brasileño, Michel Temer, en medio de una escalada de violencia en la ciudad. Y era muy crítica.

Su lucha por los derechos humanos, a la que decidió dedicarse por completo cuando una amiga suya perdió la vida por una bala en la favela, llegó hasta pocas horas de su muerte. Marielle salía de una charla de mujeres negras en el centro de la ciudad. Pocos días antes de ser asesinada, se preguntó en las redes sociales: “¿Cuántos más tienen que morir para que acabe esta guerra”?

Rio de Janeiro, cada vez más violenta

Entre 2008 y 2013 la llamada ‘pacificación’ de las favelas pareció funcionar para que Río de Janeiro dejara de ser una de las ciudades más violenta del mundo. Pero en los últimos años se ha vuelto a torcer por la crisis económica, el regreso del narcotráfico y las inercias violentas y corruptas de una policía cada vez con menos medios para mejorar.

El Mundial y los Juegos Olímpicos debían dejar un legado en seguridad que no ha sido tal, a pesar de los millones que se invirtieron para que las comisarías de una policía menos violenta frenara a las bandas de narcotraficantes que mandaban e imponían su ley en la mayoría de favelas de la ciudad. El año 2017 fue, con 6.731 muertes violentas, el peor año desde 2009. Del total, 1.124 de esas muertes fueron causadas por operaciones policiales. Y eso que 2012, con 4.666 víctimas violentas, había sido el año menos letal desde que se empezaron a contabilizar en 1991.

Pero una policía acostumbrada a usar la violencia tanto o más que los propios narcos no iba a cambiar de la noche a la mañana sin una reforma profunda, Así que en cuanto los narcotraficantes regresaron a las favelas que habían abandonado volvieron a morir muchos inocentes.

Historia de las favelas

Las favelas, construidas en Río a finales del siglo XIX por los trabajadores y ex-esclavos más pobres a los que nadie facilitó un hogar, han vivido durante toda su historia abandonadas o maltratadas por un Estado que nunca ha llegado en su plenitud. Ese vacío permitió que el narcotráfico organizado impusiera su ley entre los años 70 y los 80. Y que ofreciera dinero fácil a algunos jóvenes (no a la mayoría) sin oportunidades.

Este fenómeno, que vivió sus peores años en los 90 y que afecta a casi todas las regiones de Brasil, ha recuperado en Río de Janeiro la violencia de sus peores años.

Aunque la imagen de las favelas en el mundo está asociada a la violencia, la gran mayoría de los que allí viven son humildes trabajadores, que son los que más sufren por el fuego cruzado de narcos y policías. La muerte de Marielle ha dolido especialmente a los que más se preocupaban por esta realidad.