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Israel conmociona al mundo con la matanza de palestinos en Gaza

La muerte de 62 manifestantes palestinos por los disparos de los soldados israelíes ha puesto en evidencia de nuevo la tragedia de la franja de Gaza. Es un territorio ocupado que está considerado como la prisión más grande del mundo.

El ejército israelí disparó contra una multitud de jóvenes palestinos de la franja de Gaza que se manifestaban al otro lado de una valla. Mató a 62 de ellos. La gran mayoría de estos manifestantes estaban desarmados, aunque algunos tiraban piedras -si es que eso se puede considerar utilizar un arma- a los soldados. No es la primera vez que algo así ocurría pero la cantidad de víctimas ha impresionado a todo el mundo. Y mucho más impacto ha causado el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al decir a una cadena de televisión estadounidense que “los métodos no letales -es decir, los que evitan causar la muerte- no funcionan” con los palestinos. “No podemos meterlos a todos en la cárcel”, dijo otra voz de su gobierno.

Cuesta mucho entender algo así, cuesta mucho también explicarlo. Los dirigentes políticos que hablan de esta manera pueden haberse vuelto locos,o estar tremendamente furiosos como para justificar lo injustificable. Pero si esas declaraciones no tienen después consecuencias, si nadie les pide cuentas por lo que han hecho y han dicho, si nadie -o muy poco gente- levanta la voz para oponerse, es que en la sociedad que dirigen estos políticos ocurre algo grave.

¿Qué ocurre en Gaza, o mejor dicho, entre los palestinos de Gaza y los israelíes para que suceda algo así?

La franja de Gaza es uno de los territorios ocupados por Israel. Así es según la ley internacional. Aunque dentro no vive ni un solo israelí, todo está controlado por el gobierno y el ejército de Israel: las fronteras terrestres -que no son en realidad fronteras sino un perímetro vallado y vigilado por el ejército-, las aguas frente a su costa y el espacio aéreo -que no existe para los palestinos porque el aeropuerto está destruido desde hace años-. También las mercancías y las personas que entran o salen de Gaza dependen de ese control que ejerce la fuerza de ocupación.

En el año 2005, los colonos que vivían en Gaza, muchos de los cuales se dedicaban a cultivar en invernaderos, fueron obligados a marcharse. El gobierno israelí consideró que no valía la pena seguir manteniendo población civil y soldados en ese territorio por más tiempo mientras sometidos a ataques y atentados de la resistencia palestina a la ocupación. Gaza quedó completamente cerrada y los gazatíes dejaron también de poder salir a trabajar a Israel.

La franja de Gaza es casi rectangular. Mide unos 40 kilómetros de largo por unos 11 en su parte más ancha. Por el norte y por el este queda cerrada por vallas y una zona de seguridad, una especie de tierra de nadie, controlada por el ejército israelí. El mar Mediterráneo queda al oeste, y la costa está también vigilada por lanchas patrulleras israelíes. Al sur está la frontera con Egipto, casi siempre cerrada también porque el gobierno egipcio -que tiene un acuerdo de paz con Israel- desconfía profundamente de los dirigentes palestinos de Gaza.

 

 

 

 

Bajo el poder de Hamas

 

Desde 2006 hasta ahora las condiciones de vida de los gazatíes han empeorado más y más. En ese año ganó las elecciones en Gaza el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamás, que practica la lucha armada contra la ocupación israelí. En los años anteriores, Hamas cometió atentados, a menudo suicidas, en Israel y la Cisjordania ocupada. En Gaza, cerrada por completo, ya no podría seguir haciéndolo y su actividad militar quedó limitada a lanzar cohetes sobre Israel, primero cohete artesanales que no llegaban a causar prácticamente daños; con el tiempo, proyectiles cada vez más sofisticados.

 

 Campaña electoral de Hamás en Ramallah 2007/ Hoheit

 

Como la economía de la Franja depende completamente de las mercancías que entran desde Israel, tanto mercancías comerciales como de ayuda humanitaria (casi la mitad de los dos millones de habitantes están considerados refugiados), el gobierno israelí inició un bloqueo casi total para hacer la guerra a Hamas.

A lo largo de los años esto ha tenido consecuencias graves. El bloqueo representa limitar la entrada en la Franja de camiones con alimentos, medicinas, bombonas de gas de cocina, gasolina, e incluso materiales para la construcción como cemento y tuberías. También se ha limitado el suministro de electricidad. Los gazatíes han pasado inviernos durísimos, sin calefacción, sin luz más que dos o cuatro horas al día.

Esta política de presión, cuya víctima es la población civil, es ilegal según el derecho internacional. Israel, como autoridad ocupante, es decir, como estado que controla el territorio desde el exterior, tiene la obligación de hacer precisamente todo lo contrario: tiene la obligación de velar por la seguridad y el bienestar de esa población.

Por otro lado, al gobierno israelí tampoco le ha servido de nada esta guerra contra Hamas porque esta organización se ha ido haciendo más y más fuerte. En estos años ha conseguido introducir en la Franja todo tipo de mercancías y materiales a través de docenas de túneles excavados bajo la frontera de Egipto. Hamas ha conseguido armas, cohetes, cemento, de todo para su propia política de guerra, y ha controlado de esta manera la economía -cada día más precaria- de los gazatíes. De hecho, el control político, económico y social que Hamás ejerce sobre los palestinos de Gaza es absoluto y dictatorial.

Israel y Hamas se han lanzado a la guerra varias veces: en 2006, 2008-2009, 2012 y 2014. En todos los casos han sido guerras desiguales  -o asimétricas, como se denominan cuando la diferencia entre las fuerzas de uno y otro es enorme. En una de las más terribles, la que comenzó en la Navidad de 2008, los cohetes lanzados desde Gaza mataron a tres civiles israelíes, y once soldados murieron en combates dentro de la Franja. En el lado palestino hubo más de 1.300 muertos, entre civiles y combatientes.

 

Franja de Gaza 2014

 

 

La guerra del 2012 fue corta y por parte israelí se limitó a ataques aéreos, pero la de dos años más tarde, en el verano de 2014, fue devastadora: 2.200 muertos, de ellos unos 1.500 civiles; cientos de edificios destruidos -incluido un hospital, del que no quedó absolutamente nada-, todo tipo de infraestructuras dañadas, como la única central eléctrica de Gaza… Del lado israelí murieron 66 soldados y cinco civiles.

Tanto en el 2009 como en el 2014, los peores años, los políticos occidentales (por mencionar solo a estos) no protestaron por las muertes de civiles hasta que no se contaron por lo menos mil… Tampoco el público en general hizo mucho caso de lo que ocurría, especialmente en agosto de 2014, cuando mucha gente estaba de vacaciones.

Estas matanzas de civiles quedaban disimuladas -y hasta justificadas- para todos en el hecho de que se trataba de guerras, es decir, los palestinos, aunque no consiguieran nada con sus cohetes y con los túneles que excavaban para atacar al ejército israelí, combatían al fin y al cabo. El hecho de que se bombardearan barrios y localidades enteras en Gaza parecía ser una consecuencia, trágica pero inevitable, de la propia guerra y no una política de castigo colectivo a la población civil.

Ahora, al tratarse de manifestantes desarmados los que fueron tiroteados hace unos días, la excusa o el pretexto de la guerra no existe y la impresión que causan esas muertes parece mucho mayor.

Cada cual debe valorar lo acertado o desacertado, lo justo o injusto de este punto de vista. Pero la pregunta sigue siendo la misma, de todos modos: ¿por qué?

 

Deshumanizar al enemigo

 

En toda guerra es imprescindible deshumanizar al enemigo para poder combatir. Hay que considerarlo malvado, cruel, peligroso, traicionero y, sobre todo, incapaz de tener sentimientos positivos. También es importante que la gente sepa de él y de sus motivos para luchar lo menos posible.

Desde el año 2005, los israelíes no saben nada de Gaza. Igual que los palestinos no pueden salir, los israelíes no pueden entrar, ni siquiera los que son periodistas. No les llega prácticamente información de lo que ocurre allí dentro, y en tiempo de guerra muchísimo menos. Los jóvenes que ahora son soldados no han podido ver nunca cómo es Gaza ni les interesa, la ignoran por completo. Tampoco nadie sabe que continúa siendo territorio ocupado por Israel -aunque desde el exterior-, con todas las obligaciones de la ley internacional, incluida, por extraño que parezca, la de proteger a la población de la organización militar de Hamas, que pone en peligro su vida…

Al contrario, lo que los israelíes saben de Gaza es que desde allí se disparan cohetes. Con muy poca fortuna, desde luego, porque el sistema antimisiles israelí Cúpula de Hierro es muy eficiente y los detiene, pero… ¿y si no fuera así? Los cohetes dan miedo, y esta ya es una razón para justificar los bombardeos. La percepción que tienen es que desde un lugar casi desconocido, en el que no tienen ningún interés, se les amenaza.

Por eso, cuando los dirigentes israelíes dicen lo que dicen, buscan que el público identifique a los gazatíes con Hamas. Los civiles dejan de existir, todos son palestinos peligrosos que lanzan cohetes. Y si no pueden, lanzan piedras…

El desconocimiento de la vida en Gaza es absoluto. Eso impide a cualquiera comprender la desesperación con que cientos de jóvenes han caminado hasta la zona de seguridad israelí para protestar. Las fechas en que han ocurrido estos últimos acontecimientos trágicos son muy importantes, pero no han sido el único motivo.

Se cumple este año el 70 aniversario de la Naqba o “la catástrofe”, es decir, la creación del estado de Israel, que para los palestinos representa la expulsión de sus hogares y la destrucción y desaparición de sus pueblos, incluso de los nombres de sus pueblos. Muchos acabaron refugiándose precisamente en Gaza, y sus hijos y nietos están considerados igualmente refugiados.

Al mismo tiempo, Estados Unidos ha roto con una tradición diplomática que consiste en que los países no tienen sus embajadas en Jerusalén, sino en Tel Aviv, porque parte de la ciudad tres veces santa (judía, cristiana y musulmana) es territorio bajo ocupación desde 1967. Tener una embajada allí, como acaba de hacer el presidente Donald Trump al trasladar la de EE.UU., es reconocer Jerusalén como capital del estado judío y aceptar por lo tanto la ocupación.

 

Unas condiciones de vida insoportables

 

Los gazatíes tenían estas razones para la serie de movilizaciones, protestas y acampadas que llevaron a cabo ante las alambradas israelíes. Pero también tenían otras, aún más importantes y graves. Vivir en Gaza se ha convertido en algo insoportable. El agua que consumen está contaminada y se agotará muy pronto, la tierra también está contaminada y no produce; casi toda la franja es terreno urbano, las ciudades, los pueblos y los campos de refugiados se tocan; la densidad de población es la mayor del mundo, unos 5.000 habitantes por kilómetro cuadrado; más de la mitad de los gazatíes no tiene trabajo y al menos la mitad vive de la ayuda humanitaria de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (Unrwa); hay escuelas y universidades pero no hay ninguna posibilidad de llegar a nada teniendo estudios. No se puede salir de allí. Gaza es, como se dice desde hace ya varios años, la mayor cárcel de la tierra. Según dijo Naciones Unidas hace dos años, para el 2020 será imposible seguir viviendo en Gaza.

 

 

Franja de Gaza Palestina En 2015 / Beit Hanoun

 

Franja de Gaza 2014. Foto: Luis Astudillo C. / Andes

 

Algo que no había ocurrido hasta ahora se está produciendo en Gaza: los suicidios entre los jóvenes van en aumento. No ven ningún futuro. Un gesto definitivo de desesperación que les pone también delante de las armas de los soldados israelíes.

 

Félix Flores conoce a fondo la franja de Gaza. La ha visitado en varias ocasiones y cubrió como reportero las guerras de 2008-2009 y 2014. Periodista de La Vanguardia, ha trabajado en Oriente Medio y el Magreb, América Latina, África, Europa del Este y Asia central

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