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Por qué las redes sociales cambian nuestra vida: una serie XQ

Quince años después del nacimiento de Facebook, dedicaremos diez capítulos a analizar con perspectiva crítica, lo que son las redes sociales y lo que han significado para el mundo social, económico y político del siglo XXI.

Diez entregas para reflexionar las redes sociales

Así que aquí estamos. Asistimos al cumpleaños número 15 de Facebook con un debate sobre el futuro tecnológico y con muchas preguntas. En muchos países de América Latina, la red social entraría al mundo adulto con esa edad y se haría una fiesta en su honor. Nada más lejos de la realidad. Los jóvenes —los menores de 25 años— ya no usan esa plataforma, al menos en España. Las críticas sobre sus malas prácticas empiezan a aparecer cotidianamente en los diarios que antes ignoraban los peligros de la concentración de los datos y de la atención, las mercancías más preciadas del siglo XXI.

Quince años son un adecuado periodo de tiempo para analizar, con perspectiva crítica, lo que son las redes sociales y lo que han significado para el mundo social, económico y político del siglo XXI. La RevistaXQ presenta una serie de 10 entregas en las que se propone un debate abierto sobre las redes sociales. Cada capítulo integrará una serie de reflexiones que invitarán al análisis sobre la definición, la evolución, la importancia y la transformación de conductas sociales y sicológicas, grupales e individuales, que las redes sociales han introducido de forma acelerada en nuestra sociedad hiperconectada y virtualizada.

Las diez entregas de la serie estarán dedicadas a los siguientes temas:

Capítulo 1: ¿Qué es una red social? Concepto e historia de las redes sociales: de los amigos de Facebook a los seguidores de Instagram.

Capítulo 2: ¿Por qué son tan importantes las redes sociales? El poder de las redes en la economía y en la sociedad de la información.

Capítulo 3: ¿Qué se puede y no se puede hacer en una red social? Las redes sociales como medio masivo de comunicación social.

Capítulo 4: ¿Qué ejemplo dan los padres a sus hijos con las redes? En la tecnología siempre los jóvenes son más rápidos, pero no siempre los más listos.

Capítulo 5: ¿Qué es la economía de la atención? El modelo económico de la nueva economía de las redes sociales.

Capítulo 6: ¿Vivimos en una burbuja mediática? La balcanización y homogenización social, política y cultural.

Capítulo 7: ¿Qué es el botón “me gusta”? El bucle narcisista de las redes sociales.

Capítulo 8: ¿Cómo nacen los nuevos referentes sociales? Los influencers y las redes sociales.

Capítulo 9: ¿Qué es una fake news? Las redes sociales como máquinas de desinformación.

Capítulo 10: Delete Facebook: la contracultura en las redes.

La serie será coordinada por Santiago Giraldo Luque, profesor del Departamento de Periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona y Coordinador del Máster de Periodismo e Innovación en Contenidos Digitales de la misma universidad. En el espacial participarán como autores los estudiantes de periodismo de la UAB Gisela Martínez, Judith Martínez, Ariadna Arbolí, Laura Casamitjana y David Rigola, todos jóvenes usuarios de las redes sociales, al tiempo que otros investigadores especializados en la materia.

Introducción

¡Feliz cumpleaños Facebook! (Ironía)

Quince años de una red que cambió la forma de ser y de vivir

Era el final del invierno de 2004. Febrero. Parece que fuera la primera, que antes de ella no hubiera nada, ni relaciones sociales. En realidad, no era la primera red social que se creaba en el mundo y, de hecho, todos sabíamos cómo relacionarnos cara a cara. Antecesores como el desaparecido Friendster o el vendido a la baja MySpace habían abierto el mercado de las redes sociales al universo del cada vez más masivo internet. Pero, sin duda, Facebook cambió la concepción de la red social y marcó una nueva ola de revolución tecnológica que, asociada a otras grandes empresas del sector como Google, Amazon y Apple, transformaron la concepción misma de la red social tradicional. El cambio no se sintió solo en el mundo on-line, pero eso sólo lo sabemos quince años después.

Como varios de los altos ex ejecutivos de Facebook han manifestado, la red social creada por Mark Zuckerberg —y todas las demás aplicaciones tecnológicas que le intentan seguir la estela— alteró el sistema de relaciones sociales que conocíamos. Chamath Palihapitiya, antigua vicepresidenta de crecimiento de usuarios de Facebook, declaró en un evento en la Escuela de Negocios de Stanford que se sentía “tremendamente culpable” por haber desarrollado “herramientas que ayudaban a rasgar los tejidos sociales a través de los cuales la sociedad funcionaba”. Sus declaraciones, recogidas por la periodista Julia Carrie Wong en The Guardian, también recalcaban que “el efecto de corto plazo ocasionado por los bucles de dopamina que hemos creado destruye la forma de funcionamiento de la sociedad. No hay discurso civil, no hay cooperación social, sólo hay desinformación y mentiras”.

El mundo parece haber despertado después de 15 años inmerso en la red. En la red social. En la pasada edición del Mobile World Congress (MWC19), en Barcelona, resultaba incluso esperanzador apreciar voces críticas sobre el papel de la tecnología y, sobre todo, de la intrusión agresiva de las redes sociales, en la vida cotidiana. De hecho, en la sesión previa a la cena de inauguración del MWC19, el denominado Digital Future Society, las expertos invitados e incluso algunos de los representantes políticos no dudaron en señalar que, si bien la “tecnología importaba”, al hacer alusión al eslogan principal del evento, lo más importante era que la “humanidad importaba”.

Desde luego, la humanidad es lo que importa. No lo es la tecnología que ha transformado, en muy poco tiempo, la forma en la que nos relacionamos y nos comportamos socialmente. En el artículo “Changes in Dispositional Emphaty in American College Students over Time: A Meta-Analysis”, elaborado por Sara Konrath, Edward H. O’Brien, y Courtney Hsing y publicado en la revista académica Personality and Social Pyschology Review en 2011, las investigadoras demostraban que, entre 1990 y 2011, los niveles de empatía entre los estudiantes de las universidades en los Estados Unidos habían descendido hasta un 40 por ciento.

En el artículo, en el que se analizan y se comparan pruebas de 72 estudios diferentes, las autoras indican que “a partir de la gran cantidad de tiempo dedicado a interactuar en línea en lugar de hacerlo comunicando cara a cara la realidad, las dinámicas interpersonales, como la empatía, ciertamente podrían verse alteradas”.

Sherry Turkle, profesora del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), demuestra en su libro “En defensa de la conversación” que los teléfonos móviles y, por ende, las redes sociales, conceden tres deseos, como las lámparas de Aladino. “El primero, que siempre seremos oídos; el segundo, que siempre podremos centrar nuestra atención en aquello en lo que queramos; y el tercero, que nunca estaremos solos. La concesión de estos tres deseos implica otra recompensa: que jamás nos aburriremos”.

Son, las redes sociales, un espacio de intercambio cotidiano que es necesario comprender y analizar con un poco de distancia. Críticamente. Los 15 años de Facebook, sus metidas de pata —como Cambridge Analytica—, y los discursos distópicos sobre lo que han aportado a la sociedad dan pie para iniciar una reflexión crítica sobre qué son y qué han promovido las redes sociales, aplicaciones tecnológicas usadas por el 44 por ciento del total de la población mundial, según los datos de Kepios Analysis.

También en el Digital Future Society resultaba curioso oír a los expertos decir que una de las alternativas a Facebook, ahora identificada con el público mayor de 30 años, para que la información o los datos del usuario fueran mejor tratados, era Instagram. En términos de la era industrial, lo anterior equivaldría a decir que la alternativa a la Coca Cola era la Fanta de naranja.

También era paradójico escuchar a representantes de la banca decir que el tratamiento que los bancos hacen de los datos de los usuarios es ético, y que los algoritmos empleados de forma tecnológica para la administración de los mismos datos son siempre supervisados por decisores humanos, personas, que privilegian el lema alternativo del evento: “la humanidad importa”. La declaración, cuando menos, invitaba a la reflexión ética sobre si es el algoritmo —o el humano— quien decide que es imprescindible despedir al 45 por ciento de los trabajadores de la banca entre 2007 y 2018, según informaba la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), mientras las ganancias de la industria financiera aumentaron en 84.000 millones de euros en el mismo periodo de tiempo, una época determinada por el crash económico iniciado en 2007.