Elige tu nivel de lectura
Alice, Benjamín, Claudia, Davide, Emilia, Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Jospeh, Kristin, Leonardo y, ahora, Marta. Esa es la lista de las borrascas y las danas que han afectado a la península Ibérica desde el 1 de septiembre del año pasado y que lo han hecho con el suficiente impacto como para recibir un nombre propio. Después de Marta, vendrán Nils, Oriana, Pedro y otros cinco nombres más hasta llegar a la W, la última letra de la lista que elabora el Grupo Suroeste europeo, formado por los servicios meteorológicos de Portugal, Francia, Bélgica, Luxemburgo, Andorra y España.
La temporada 2024-2025 empezó con la borrasca Aitor (el 24 de septiembre de 2024) y terminó con Oliver (7 de abril de 2025). A la letra M (de Martinho) se llegó el 18 de marzo, pero este año Marta ha llegado en la primera semana de febrero. Es pronto para saber si en la temporada actual 2025-2026 se batirá el récord de borrascas y de danas de gran impacto o para aventurar si la lista se quedará sin nombres. Pero lo que está claro es que la sucesión de borrascas intensas que está lanzando el Atlántico sobre el sur de Europa y el norte de África es excepcional. Tras un enero con lluvias muy por encima de lo habitual, el pronóstico no parece dar tregua en las primeras semanas de febrero. ¿Qué está causando este tren de borrascas cargadas de humedad?
¿Dónde está el anticiclón de las Azores?
Para entender por qué España y Portugal están recibiendo este desfile de borrascas necesitamos ponernos un poco técnicos. La situación meteorológica, en esta parte del mundo, está marcada en gran medida por lo que marca la oscilación del Atlántico Norte (NAO, por sus siglas en inglés). Este fenómeno climático consiste en una serie de fluctuaciones en la presión atmosférica entre las bajas presiones que suelen situarse sobre Islandia y las altas de las Azores, más conocido como el anticiclón de las Azores. La NAO es la que controla, en gran medida, la dirección y la fuerza de los vientos que llegan del oeste hacia Europa.
Cuando el anticiclón está fuerte y situado cómodamente sobre las islas Azores, actúa como una especie de escudo, desviando las borrascas y sus frentes cargados de lluvia hacia el norte. Pero, en los últimos meses, hemos estado en una fase NAO negativa, lo que significa que el anticiclón está debilitado y se sitúa más al sur, desplazando la carretera por la que circulan las borrascas hacia países que normalmente no reciben tantos frentes. “Entre los que nos dedicamos a la meteorología, decimos coloquialmente que tenemos las puertas del Atlántico abiertas. Tenemos una autopista de borrascas con destino nuestro país”, explica Isabel Moreno, física, meteoróloga y divulgadora.
Un río de humedad y el papel del cambio climático
Con la ausencia del anticiclón de las Azores (y los cambios en la NAO) tenemos el primer elemento para entender la situación excepcional de las últimas semanas: un camino claro que arrastra las bajas presiones del oeste del Atlántico hacia el este en dirección al sur de Europa. Pero hay otro elemento clave que está cargando de humedad y energía esas borrascas, haciéndolas más activas de lo normal: un río de humedad alimentado por un mar Caribe con temperaturas muy por encima de la media.
“Las borrascas beben de determinados sitios y uno de ellos son los ríos atmosféricos, que también son como caminos por los que circula la humedad de la atmósfera”, señala Isabel Moreno. “Durante estas fechas estamos teniendo también un río de humedad proveniente del Caribe, que está muy cálido. Nos está afectando una masa de aire que está cargada de humedad a un nivel similar al que estaría si estuviésemos en un país tropical. Que llueva de esta manera en España en invierno es muy poco frecuente”.
Los océanos han absorbido más del 90 % del calor acumulado en la atmósfera por las emisiones de gases de efecto invernadero. Es decir, los océanos son el gran vaso receptor del calentamiento global. Los efectos de este calor acumulado se notan especialmente en mares más cerrados, como el Caribe. De acuerdo con el Climate Shift Index de Climate Central, las temperaturas superficiales que ha experimentado el Caribe en las últimas semanas son entre 20 y 800 veces más probables (en función de la zona) en un contexto como el actual que en un planeta sin cambio climático antropogénico.
El vórtice polar y los cambios en la estratosfera
Tenemos una autopista de humedad desde el Caribe y otra autopista de borrascas directa al sur de Europa a causa de la fase negativa de la oscilación del Atlántico Norte. Pero podemos ir un poco más allá y buscar un tercer factor que está afectando a la situación meteorológica actual. Para ello, tenemos que mirar a la estratosfera, la capa de la atmósfera que está justo después de la troposfera (donde vivimos los humanos y donde suceden la mayor parte de cosas que nos interesan). Tenemos que mirar hacia el vórtice polar.
“El vórtice polar es una especie de peonza que confina el aire frío alrededor del polo norte. Aunque está en la estratosfera, tiene influencia en lo que pasa en la troposfera”, explica Isabel Moreno. “El vórtice polar sigue unos patrones estables y suele ir cambiando con suavidad, pero lleva desde noviembre haciendo cosas raras, calentándose y enfriándose de forma súbita”. Estos cambios repentinos desestabilizan el vórtice y afectan al chorro polar, una corriente de vientos muy intensos que circula a gran altura, en el límite entre la troposfera (nuestra capa) y la estratosfera y que, entre otras cosas, también mueve a las borrascas atlánticas de oeste a este.
“Si el vórtice polar se desestabiliza puede que el chorro polar se desparrame y se desplace a latitudes más bajas, como está ocurriendo estas semanas, favoreciendo a su vez esa situación de NAO negativa, es decir, favoreciendo este patrón de presiones que hace que entre una borrasca detrás de otra”, añade la meteoróloga. “Existe la hipótesis de que el calentamiento del Ártico por causa del cambio climático está desestabilizando el chorro polar, haciendo que baje y se ondule muchísimo y abriendo la puerta a más borrascas en nuestras latitudes y a más entradas de aire frío, como las que están experimentando, sobre todo, en Norteamérica. Pero esto no está todavía del todo claro”.
Entonces, ¿por qué este invierno está siendo tan húmedo en España y Portugal? Una situación excepcional en la circulación atmosférica, provocada en parte por cambios en la corriente de chorro polar, ha abierto un camino directo para que las borrascas alcancen nuestras latitudes. En este recorrido, las bajas presiones se están cruzando con un río cargado de humedad con origen en el Caribe, que hace que los frentes que descargan sobre el sur de Europa sean mucho más activos. Y, aunque harían falta estudios de atribución específicos para conocer la influencia del cambio climático en la situación actual, su huella aparece tanto en un mar Caribe sobrecalentado como (con mayor incertidumbre) en el comportamiento del vórtice y el chorro polar.


