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El fascismo es uno de esos fenómenos sobre la naturaleza de los que la comunidad historiadora y politológica no acaba de ponerse de acuerdo. Como la democracia, la ideología o la libertad. Es como una pastilla de jabón mojado. Aun así, es importante intentar definir qué significa, porque el fascismo parte de una concatenación elaborada del pensamiento que puede emerger en contextos políticos de gran crisis y desestabilización.
El fascismo es un fenómeno político que tiene sus orígenes en el periodo de entreguerras del siglo XX. Se puede concebir como un movimiento social en un período de crisis que se basa en una ideología que es a la vez individualista y totalizante.
Cualquier definición de fascismo debe estar abierta a la ola histórica que la acompaña, a la cultura a la que pertenece, y en la estructura orgánica del régimen en el que se enmarca. No es lo mismo Donald Trump que Mussolini, ni tampoco es el mismo Santiago Abascal que José Antonio Primo de Rivera, fundador de La Falange. Pero, como veremos, si podemos hablar de «fascismos contemporáneos» es porque hay una serie de puntos comunes entre ellos, lo que nos permite hablar del fascismo como un fenómeno general. En este artículo destacamos cinco, y los comparamos con lo que dicen algunos de los representantes políticos de la extrema derecha hoy en día.
1. El fascismo es una ideología que celebra la nación o la raza como una comunidad orgánica trascendente de otras lealtades y enfatiza el mito del declive y el resurgimiento
Trump, desde el inicio de su campaña electoral hasta la actualidad presenta la actual situación de Estados Unidos como poco menos que una situación de entreguerras: una constante amenaza sobre la vida de los ciudadanos americanos, a través de la composición del enemigo del enemigo exterior – principalmente los mexicanos y los chinos -. Hay que recordar, en este sentido, que la campaña electoral que llevó Trump a la Casa Blanca iba precisamente en esta dirección: recuperar aquella «Gran América» que habría sido pisada y malherida, en el conocido eslogan de campaña: «Let ‘s make america great again / Hagamos América grande otra vez».
El mito del declive es una de las características esenciales para la construcción del discurso fascista, lo que no quiere decir que todas las ideologías o discursos que hagan uso de la idea del declive deriven en fascismos. Pero sólo recordando un pasado nostálgico glorioso (que nunca existió como tal) es posible construir un discurso posterior que justifique las acciones políticas propias del fascismo.
2. El fascismo tiende a celebrar la masculinidad, la juventud y el poder regenerativo de la violencia. Puede promover doctrinas de supremacía racial, persecuciones étnicas, expansión imperialista y genocidios
Posiblemente el ejemplo más clarividente en este sentido es la campaña de VOX a las elecciones autonómicas andaluzas. En un vídeo electoral titulado «La Reconquista» – en alusión a la expulsión de los sarracenos de la península – Abascal montaba a caballo liderando sus tropas hacia la batalla. El supremacismo racial está en el corazón de todo fascismo. Aquí, el primer punto mencionado enlaza con el segundo, porque sólo la causa mayor – reencuentro con una situación idílica pasada – permite tener un discurso explícitamente supremacista.
En el caso de Abascal, el líder de VOX intenta transmitir la idea de que él representa la España imperial colonizadora. Su discurso destila la superioridad de la (su) raza, que es encarnada por el líder en la figura del padre de familia autoritario. Abascal montando a caballo no es la única imagen visual que ejemplifica este comportamiento. También se fotografió desde un balcón con un casco tradicional del ejército de los tercios españoles de los siglos XVI y XVII para rememorar la reconquista, olvidándose, por otra parte, que esta comenzó ocho siglos antes de que se utilizara este tipo de material de guerra.

3. El fascismo tradicionalmente se ha asociado con la extrema derecha reaccionaria; es hostil al marxismo, al liberalismo y al conservadurismo, pero coge elementos de los tres corrientes
Este punto quizás representa una de las mutaciones principales del fascismo del siglo XXI. El fascismo – menos el fascismo de entreguerras de Hitler y Mussolini – parte de la necesidad de protección de un grupo social determinado (normalmente por razones de raza o de etnia), del que normalmente procede a un expolio de las clases o razas consideradas como enemigas a través de un experimento socializante de distribución de la renta.
Decía Walter Benjamin que detrás de cada alzamiento fascista había una revolución fallida. Ciertamente, los fascismos crecen en épocas de gran inestabilidad social y política, y, sobre todo, en tiempos donde la desigualdad se incrementa drásticamente. Los principales sectores que apoyaron los movimientos fascistas de entreguerras eran clases populares, y, en este sentido, el fascismo reivindicaba una cierta redistribución de la riqueza.
De hecho, en los inicios de su mandato – y para hacerse con el voto de las clases blancas empobrecidas, Trump decía cosas como «I will not let people die on the streets for lack of health care» / «No dejaré nadie muriendo en las calles por falta de seguro médico».
Ahora bien, con las experiencias de gestión de gobierno de Trump y, también, de Abascal, se ha demostrado otra cosa: en su acción de gobierno, los fascismos se alían con las élites económicas del país en cuestión. Trump se ha convertido en el mejor aliado de Wall Street, y VOX triunfa en el barrio de Salamanca de Madrid. El nuevo fascismo ha subido completamente a la ola del neoliberalismo, rompiendo con la herencia nacional-corporativista del fascismo de entreguerras.
4. El fascismo busca organizar células paramilitares en un intento de disminuir el tradicional monopolio de la violencia estatal. Pretende subordinar las esferas de la sociedad en una visión orgánica de la comunidad
El fascismo busca organizar células paramilitares en un intento de disminuir el tradicional monopolio de la violencia estatal. Este es un punto importante del que podemos citar ejemplos en ambos personajes. Históricamente el fascismo ha sido anti ejército, porque sabía que el ejército era portador de unos valores que no eran los suyos. Por esta razón se explica su promoción de una milicia paralela que se acaba imponiendo, como los camisas negras en la Italia de Mussolini o las SS alemanas.
Es obvio que Trump no cuenta con un brazo armado coordinado por asaltar el monopolio de la violencia, pero eso no quiere decir que no lo esté intentando. Los llamados «Proud Boys» son un grupo fervorente de seguidores de Trump – mayoritariamente racistas blancos -, que han tenido un cierto protagonismo durante la crisis de la Covid-19, y, sobre todo, como inicio de una fuerza paramilitar de extrema derecha.
Durante los enfrentamientos entre la policía y los diversos manifestantes del movimiento de Black Lives matters, Trump les guiñó un ojo apoyándolos, y Joe Biggs, líder de esta protomilícia, mostró su emoción ante el apoyo del Presidente que, también sea dicho, tuvo que retirarlo de la misma (aunque tímidamente) cuando se destapó la agenda política de este grupo.
En el caso de España, la connivencia de VOX con los grupúsculos de extrema-derecha también parece evidente, sin embargo, hay una diferencia importante respecto por razones históricas: si bien en los casos generales de los movimientos fascistas de entreguerras requerían una milicia propia, el hecho de que el franquismo en España haya dominado las instituciones durante cuatro décadas ha alterado el valor propio de las instituciones españolas.
VOX, en este sentido, alaba constantemente la Corona y el Ejército, al considerar que estos dos actores son los verdaderos portadores de sus valores.
5. El fascismo es sexista y está casi siempre dominado por figuras masculinas, vinculadas a un discurso misógino que exalta la superioridad física y política del género masculino
De este punto, no hay duda. En el caso de Trump la hemeroteca de comentarios sexistas y misóginos es tan amplia que no es necesario citarlo. Por su parte, de las primeras cosas que hizo VOX al llegar a las instituciones fue atacar la ley de la violencia de género, que, en boca de Abascal, era completamente sesgada y ponía a los hombres en una situación injusta. En un mitin electoral puso de ejemplo su mujer:
“Ahora mismo mi mujer está en mi casa, yo estoy a 80 kilómetros, se pega un porrazo contra la pared, llama al 061 y esta noche duermo yo en la cárcel. Aunque tenga yo aquí a 300 personas de testigo. Es así”.
No importa que las falsas declaraciones no lleguen al 1% del total: lo que hay detrás es una ideología claramente sexista.
Si nos atenemos a las cinco características expuestas, veremos que, en mayor o menor intensidad, el discurso de Donald Trump y de Abascal se ajusta. Si no es fascismo, se le parece mucho.

