Elige tu nivel de lectura
Un día el mundo dejó de girar. Se detuvo en seco, quedamos suspendidos en una cronología configurada como un loop, con la mirada fija en una ventana inmóvil y el miedo filtrándose en cada respiración.
Tiempo después, el mundo arrancó de nuevo. Pero ya no giraba igual, lo hacía con un impulso desquiciado, como un niño que suplica que le empujen más y más arriba en el columpio. El ansia por recuperar el movimiento nos mareó.
En 2022 el cuerpo aún reaprendía cómo habitar la calle, la interacción, el tumulto: Motomami capturó ese estallido con la urgencia de quien quema el acelerador antes de arrancar
Al ritmo de percusiones y motores como con “Saoko”, una crisálida cubierta de gasolina, o bien la precisión casi industrial de “Chicken Teriyaki”, un gusto de reggaepop tiktoker, Rosalía construyó con ese álbum un relato del exterior : calle, ganas, movimiento, aceleración, mutación.
Pero cuando hay mucho ruido, el silencio también hace un estruendo ensordecedor . Con la convicción de que solo el amor con amor se paga , surgió el impulso de detenerse para poder sentir.
Mundo Nuevo
En aquellas fisuras por las que filtra la luz, también filtran las sombras. En ese intersticio emerge un síntoma más amplio, el de la pérdida de sentido en un mundo que ya no sostiene.
El trauma global de la pandemia y su posterior hiperaceleración de lo que ya iba a velocidades vertiginosas ha acabado disolviendo cualquier anclaje que permita una identidad sólida . Se ha cumplido la profecía baumaniana , no «somos», sino «estamos siendo».
La precariedad vital en la que ni el afectivo promete duración, ni los vínculos certezas, ni las instituciones respuestas, deshace la posibilidad de un sentido compartido, ofreciendo lo que comporta lo líquido: fluir sin permanecer.
La decisión de “quién ser” se desplaza de forma falsa hacia la individualidad, desarticulando cualquier capacidad de colectivización del malestar –dejando un nuevo triunfo al turbocapitalismo–, y bajo la manoseada bandera de la libertad, la autonomía se convierte en condena.
En este vacío han proliferado los discursos que prometen la trascendencia . Jordan Peterson, con la narrativa del “propósito”, ha ofrecido un mapa claro a través de la jerarquía y la disciplina, dando rumbo a quien siente la intemperie.
En versiones propias del ecosistema ibérico, perfiles como Llados o René ZZ han trasladado este relato a un lenguaje aspiracional-pop: “supérate, ordénate, encuéntrate”. Un work hard play hard que promete la autorrealización , pero esta promesa tiene trampa.
Se apropia de una necesidad legítima —encontrar sentido en tiempos inciertos— para devolverla simplificada, individualizada y empaquetada como producto. La deriva espiritual no solo es explícita, sino que define esa encrucijada en el que se repiten fórmulas de fe con forma de rutina de gimnasio.
Lo religioso, en su sentido más transversal, se convierte en una herramienta identitaria dentro de un auge reaccionario que instrumentaliza lo sagrado para reforzar el orden, devolver certezas morales y asegurar la pertenencia . El «propósito» se ha vaciado de política: es necesidad, no horizonte colectivo. Es un producto, la salvación comprada en Amazon.
No es que la extrema derecha digital haya generado este clima, son quienes mejor lo han capitalizado, porque no son influencers, se erigen como líderes espirituales.

Sauvignon Blanc
Ya en 2015 Yung Beef decía que «la calle está mala, necesita medicación». Lo que parecía un diagnóstico precoz se ha convertido en una década después en un cuadro crónico , las sociedades occidentales están en paliativos.
Cursos para ser feliz, retiros exprés promocionados por Instagram, la convicción de que ir a gentrificar Tailandia te ayudará a “encontrarte”, el estoicismo convertido en muleta de la productividad.
La búsqueda interior como mantra -y sus versiones de disciplina, propósito o iluminación- desborda los márgenes de la deriva conservadora porque la pérdida de sentido es hoy un síntoma generacional .
El esperado álbum LUX aparece no como excepción, sino como consecuencia lógica del propio proceso. Aunque Rosalía tenga un excelente ojo captando al zeitgeist , ella no ha marcado el pulso, sino que ha respondido como la hija centennial que es.
Cuando la crisis de valores se ha convertido en sustrato común , atraviesa las fronteras de lo ideológico y señala las heridas de una generación: puede expresarse como conversión religiosa, viaje mochilero al sudeste asiático, una lectura para encontrar a tu persona vitamina o bien en una búsqueda íntima sin nombre.
Aunque los lenguajes cambien y tengan tantas formas como pensamientos, la pulsión es la misma . Se llame Dios o se llame Universo, se llame orar o se llame manifestar.
Sobre su álbum Rosalía ha declarado que le ha ayudado a reconciliarse consigo misma «desde la curiosidad y el amor por el otro. Vivir en un mundo como el actual es confuso, no sabes muy bien qué es verdad y qué no. Quizás es más necesaria que nunca una fe o una certeza. La que sea, la de cada uno».
https://platform.twitter.com/embed/Tweet.html?dnt=false&embedId=twitter-widget-0&features=eyJ0ZndfdGltZWxpbmVfbGlzdCI6eyJidWNrZXQiOltdLCJ2ZXJzaW9uIjpudWxsfSwidGZ3X2ZvbGxvd2VyX2NvdW50X3N1bnNldCI6eyJidWNrZXQiOnRydWUsInZlcnNpb24iOm51bGx9LCJ0ZndfdHdlZXRfZWRpdF9iYWNrZW5kIjp7ImJ1Y2tldCI6Im9uIiwidmVyc2lvbiI6bnVsbH0sInRmd19yZWZzcmNfc2Vzc2lvbiI6eyJidWNrZXQiOiJvbiIsInZlcnNpb24iOm51bGx9LCJ0ZndfZm9zbnJfc29mdF9pbnRlcnZlbnRpb25zX2VuYWJsZWQiOnsiYnVja2V0Ijoib24iLCJ2ZXJzaW9uIjpudWxsfSwidGZ3X21peGVkX21lZGlhXzE1ODk3Ijp7ImJ1Y2tldCI6InRyZWF0bWVudCIsInZlcnNpb24iOm51bGx9LCJ0ZndfZXhwZXJpbWVudHNfY29va2llX2V4cGlyYXRpb24iOnsiYnVja2V0IjoxMjA5NjAwLCJ2ZXJzaW9uIjpudWxsfSwidGZ3X3Nob3dfYmlyZHdhdGNoX3Bpdm90c19lbmFibGVkIjp7ImJ1Y2tldCI6Im9uIiwidmVyc2lvbiI6bnVsbH0sInRmd19kdXBsaWNhdGVfc2NyaWJlc190b19zZXR0aW5ncyI6eyJidWNrZXQiOiJvbiIsInZlcnNpb24iOm51bGx9LCJ0ZndfdXNlX3Byb2ZpbGVfaW1hZ2Vfc2hhcGVfZW5hYmxlZCI6eyJidWNrZXQiOiJvbiIsInZlcnNpb24iOm51bGx9LCJ0ZndfdmlkZW9faGxzX2R5bmFtaWNfbWFuaWZlc3RzXzE1MDgyIjp7ImJ1Y2tldCI6InRydWVfYml0cmF0ZSIsInZlcnNpb24iOm51bGx9LCJ0ZndfbGVnYWN5X3RpbWVsaW5lX3N1bnNldCI6eyJidWNrZXQiOnRydWUsInZlcnNpb24iOm51bGx9LCJ0ZndfdHdlZXRfZWRpdF9mcm9udGVuZCI6eyJidWNrZXQiOiJvbiIsInZlcnNpb24iOm51bGx9fQ%3D%3D&frame=false&hideCard=false&hideThread=false&id=1986476856703348956&lang=ca&maxWidth=560px&origin=https%3A%2F%2Fcultures.cat%2F2025%2F11%2F13%2Fmistica-pop-per-a-temps-liquids%2F&sessionId=0881d13c86b7e97e1cf1e061c7cbc2aee1c97248&theme=light&widgetsVersion=2615f7e52b7e0%3A1702314776716&width=550px
La Yugular
Si algo aporta LUX es la intuición antigua de que no todas las búsquedas desembocan en una respuesta.
Hay en el disco un halo del “sans puorquoi”, tradición marcada por la mística femenina de las monjas que empezaron a escribir en vulgar o la figura destacada de Marguerite Porete —a pesar de la atribución del concepto al Maestro Eckhart, porque es mejor la palabra de un hombre que la de muchas mujeres—.
Amar sin finalidad, entregarse al vacío, el deseo de unión divina, de trascender lo terrenal. La traducción contemporánea, el “new-age” como mainstream, un impulso donde el dispositivo político ha caído, ante la falta de perspectiva en este mundo, buscarla en el reino de los cielos .
Existe en la obra la inspiración destacada de Simone Weil , “amar a un extraño como a uno mismo implica, como contrapartida, amarse a uno mismo como a un extraño”, reconocer al otro y reconocerse, lejos de la posesión, desde la atención esencial, con la distancia necesaria para la proximidad.

A ratos somos cuerpo, a otros somos espectro , a veces simplemente queremos ser Björk el pajarito y encomendarnos a la salvación por intervención divina.
La propuesta de la artista catalana es una respuesta natural al contexto. Ante la falta de solidez, dejarse atravesar . Asumir nuestra identidad como porosa. Como canta en La Yugular, «yo quepo en el mundo / y el mundo cabe en mí / yo ocupo el mundo / y el mundo me ocupa a mí.»

