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Si frecuentas las diferentes redes sociales seguramente lo hayas visto recientemente. Un fragmento de vídeo en el que un pingüino se aleja de su grupo yendo solo en dirección contraria al mismo en lo que parece un comportamiento un tanto extraño.
Al parecer, esta escena pertenece a un documental que se grabó en 2007 y muestra algo que llama mucho la atención: por alguna razón el pingüino no sigue el comportamiento del grupo. Por supuesto, con rapidez ha habido una sobresaturación de lecturas que tratan de leer la actuación del susodicho pingüino. Para sorpresa de (casi) nadie la mayoría de estas lecturas no eran etológicas, no trataban de dar una explicación plausible a lo que ocurre en la escena según el comportamiento de su especie. ¿Para qué hacer eso pudiendo hablar de estoicismo, superación personal y heroísmo variopinto?
No es ninguna novedad que los discursos de autoayuda llevan años mutando y adaptando sus formas a los nuevos formatos de consumo digital y, a la vez, han ido absorbiendo y arrastrando una cada vez más extensa mezcolanza de referencias pop y de lecturas filosóficas, literarias o cinematográficas que amplían no solo el público potencial al que pueden dirigirse sino, sobre todo, abarcan un horizonte más amplio de posibilidades: Máximo Décimo Meridio (Gladiator) como estandarte del valor, el honor y la integridad, el estoicismo de Marco Aurelio como actitud de entereza ante la vida o algunos fragmentos aislados y mutilados de Kant, Nietzsche, Arendt o Angela Davis (da igual quién) para tratar de mostrar o inspirar cualquier cosa a cualquier persona.
Uno de los problemas fundamentales de esta aspiradora ideológica es que va desarrollando una suerte de querencia por ver en cualquier circunstancia un ejemplo de esta lógica. Así, ¿por qué iban a librarse los animales salvajes de este sino que es la lucha ante la adversidad y por la superación personal?
De este modo, la viralidad se consumó esta vez en un pingüino que parecía ir a contracorriente. Algunas lecturas destacaban su heroísmo por, supuestamente, sacrificarse en pos del bien del grupo buscando nuevos caminos. Otras lecturas, aún con más frecuencia, llegaban al punto de encumbrar lo que veían como síntomas de un carácter personal fuerte y no influido por lo que los demás pudieran pensar o decir (aunque los pingüinos decir, lo que es decir… No dicen mucho). En cualquier caso, se acababa destacando la autonomía de su criterio y su capacidad para remar contracorriente sin ser afectado por la presión o inercia grupal.
Sin embargo, en todo esto este ejercicio no destacaba una lectura misántropa (¿o cómo se expresaría el odio de un pingüino particular al resto de sus congéneres?) o de corte pesimista. No. No se leía un alejamiento por hartazgo sino por una motivación personal y genuina: la fuerza del individuo que se sobrepone a la presión grupal y con su actitud y decisión no solo se busca labrar un mejor futuro y pronóstico sino que sirve de camino, muestra e inspiración para todos los demás.
Es decir: individualismo, individualismo y más individualismo extremo por doquier. ¿Hasta cuándo tendremos que seguir soportando estas lecturas? ¿Hasta cuando incurriremos incluso en la antropomorfización de cualquier animal con tal de poder seguir vomitando este discurso? Y, sobre todo, ¿hasta cuándo seguiremos viendo a los demás como una suerte de público, escaparate o paisaje que aguarda a que nosotros tomemos la GRAN decisión? ¿Acaso no son nuestros iguales? ¿No son nuestros pares?
Tal vez no nos demos cuenta de lo que ocultan estos mensajes y nos puede parecer simplemente algo curioso o incluso gracioso pero, a decir verdad, esta lectura en apariencia tan amable, positiva e inspiradora solo nos trata de enseñar algo: estamos solos, totalmente solos, todo depende de nosotros, tu vecino es un competidor, la colaboración es una quimera (o cuando menos es infértil sin el liderazgo jerárquico), etc. En definitiva, el hombre es un lobo para el hombre y la única forma de no ser devorado es devorar tú antes o depredar por sublimación, es decir, servir de inspiración con tu ejemplo para todos los demás. Así, cuando ya seas inalcanzable, serás ejemplo, ya sea por envidia o por admiración auténtica, pero, sobre todo, y lo más importante, no serás uno más. Esto es: no serás parte de esa carnaza de la masa que casi inerte observa sin actuar ni participar de nada.
En definitiva, el discurso motivacional que hay detrás de todos estas lecturas oculta un desierto, la desolación y soledad más absoluta.

